Eligiendo, vivimos eligiendo. Elegimos delante de una vidriera, elegimos levantarnos por la mañana, elegimos una pareja o elegimos vivir solos. Elegimos también delante de una bifurcación del camino. Pero, ¿sabemos siempre hacia dónde vamos? ¿Tenemos presente que al estar eligiendo, estamos definiendo hacia dónde queremos ir?
Las selección natural de los caminos a seguir es la elección de aquello que la supervivencia y la conservación de la especie nos indica. Pero no siempre seguimos lo que la Naturaleza nos indica. Algunas veces por osadía, otras por imposibilidades reales y otras detrás de la aventura y diversión, elegimos caminos distintos, más cortos, más rápidos, más eficientes, más riesgosos. ¿Está mal esto?
Mientras la conciencia este presente, se asuman los posibles destinos en toda su magnitud, y se tenga en cuenta, sobre todas las cosas, el entorno, las personas cercanas, sus sentimientos e intereses, la relación que tenemos con ellos, la relación simbiótica con el entorno natural que nos rodea y nos contiene, entonces no está mal, al contrario, está muy bien! La evolución del humano se basa en éstos hechos osados, inesperados pero conscientes, oportunos pero inciertos. Para que exista un camino, alguien debe haber pasado antes, tan firmemente que el camino quede marcado para los siguientes caminantes que quieran experimentar ese destino.
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