Economía, Finanzas, Métodos, Revoluciones

El Trabajo

El Velo Negro del Trabajo

¿Es natural trabajar? ¿Es necesario o indispensable?

¿Si no es remunerado no es trabajo?

¿Cuál es el principio básico de la productividad de tu trabajo actual?

¿Cuál es la diferencia entre la rutina y el método?

¿Cuál es la relación entre trabajo, rol social, pertenencia y sociedad?

¿De que se trata la «cultura del trabajo»?

¿Cuánto influyen todos éstos conceptos en nuestra vida diaria?

¿Cuánto de lo que cada uno de nosotros piensa o sabe al respecto, se tiene en cuenta para el diseño de nuestras leyes, de nuestras fuentes de trabajo, de nuestras sociedades en definitiva?

¿La percepción que cada uno tiene del trabajo, de su trabajo, es transitoria, cambiante, evolutiva? ¿Temporal? ¿Cuánto tiene de definitiva?

¿Cuántos temas y matices convergentes encontraremos que nos velan el concepto de Trabajo? Y que también complican las elecciones a la hora de trabajar. Nos llevan a una dinámica irreflexiva, automática, cómoda pero a su vez angustiante y desesperanzadora, indigna.

Próximamente:
  • Un trabajo abismal
  • Trabajos opuestos
  • Elegir y sostener mi trabajo
  • Alojarse en la contención
  • Descubriendo mi arte
  • Volver a jugar

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El trabajo

Introducción

El SerH evoluciona desde el trabajo de subsistencia que implica voluntad y esfuerzo, y significa su dignidad, hacia su trabajo artístico que implica comunicación e inspiracion y crea su trascendencia en unión con todo lo demás. En el medio, en las estaciones de ese proceso, podemos descubrir estados evolutivos que son la vida, el desarrollo, su desenvolvimiento.

Por ello y a los fines didácticos y prácticos es conveniente pensar el trabajo personal en tres planos coexistentes y en evolución en cada individuo:

  • El Trabajo de Subsistencia
  • El Trabajo Vocacional
  • El Trabajo Artístico

Esto nos permite definirnos, definir nuestros gustos y emociones respecto de lo que hacemos  e ir viendo el valor íntimo y personal que tiene dar nuestro Trabajo.

Próximamente:
  • El Velo Negro del trabajo.
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Conceptos y definiciones, educación, familia, Métodos, Sistemas sociales, Tejido Social, Trabajo

Desde el Aula hasta la IA

Introducción

¿Hay una nueva forma de aprender? Hoy en día, la palabra «aprender» no ofrece una conceptualización completa. Han cambiado las realidades que generan aprendizaje. La proliferación de los medios de comunicación, sus canales, sus emisores y sus contenidos han creado en la vida de cada individuo actual un constante recibir y emitir contenidos de todo tipo.

Lo que nos lleva a otras dos preguntas: ¿Qué deseas aprender? ¿Para qué deseas aprender? Junto con éstas dos preguntas completamos la terna inicial que puede desembocar en una respuesta a nuestra inquietud inicial y a la pregunta: ¿Cómo lo deseas aprender?

  • ¿Qué deseas aprender?
  • ¿Para qué lo deseas aprender?
  • ¿Cómo lo deseas aprender?

Y, en este caso, planteadas estas tres patas del «aprender», podemos decir que sí, hay una nueva forma de aprender que nos lleva, más rápidamente, a algunos «para qué» muy frecuentes en nuestro tiempo.

Cómo ejemplo disparador de esta publicación les tengo que contar que, hace unos días, hablando con un analista de sistemas y programador, le pregunto sobre qué piensa sobre la Inteligencia Artificial y los ChatGPT y me contesta de esta forma: «Me ahorra miles de horas de estudio e investigación en mi trabajo».

Esto me hace reflexionar sobre cómo hemos aprendido nosotros, cuánto hemos aprendido en el sistema formal de aprendizaje, cuánto hemos incorporado en nuestra vida familiar y en nuestro quehacer diario, y cómo y cuánto de ello usamos a diario con resultados que realmente deseamos y nos hacen vivir mejor.

La «eficacia» de lo aprendido de esta forma, de la forma que podríamos llamar «tradicional» es, por lo menos, de mediana a baja. ¿Es esencial? Sí, es esencial para el ser, su conciencia y su desarrollo social, pero el método y sus tiempos son ineficientes y poco productivos.

Por ello, a mi entender, tenemos juventudes más dedicadas y atraídas por las redes que por sus estudios formales.

En próximas entradas:
  • Lo importante es lo que llega.
  • Académico o Experiencial.
  • Renuncia como actitud.
  • ¿El Conocimiento es patrimonio?
  • Estructuras de Conocimientos
  • Las búsquedas
  • Inspiración Social
opiniones, Renuncia, Sistemas sociales, Tejido Social

La Ley del Océano

¿Qué es la Ley del Océano?

¿Sabemos cuán costosa es nuestra libertad? ¿Pero nuestra libertad incluye nuestra individualidad? Y nuestros lazos sociales, ¿Qué papel cumplen en nuestra vida anheladamente libre?

Si recurrimos a un ejemplo, a una metáfora, nos dará luz al tema, pero luego de plantear los postulados de esa figura, habrá que desenredar, desandar el ejemplo.

La gota. Ese es nuestro ejemplo. Su contexto: El Océano. Hemos definido, al tomar este ejemplo, una individualidad -la gota- perteneciente a un todo -el océano-. Ahora generemos las ideas análogas de las cualidades que nos preocupan: Lazos sociales y libertad.

Sigamos buscando nuestras respuestas. Las analogías nos ayudan, pero las respuestas son individuales, de cada ser, de cada gota…


“Dicen que antes de entrar en el mar, EL RIO tiembla de miedo , mira para atrás, para todo el día recorrido, para las cumbres y las montañas, para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y vé hacia adelante un océano tan extenso, que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre. Pero no existe otra manera. El río no puede volver. Nadie puede volver. Volver es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar al océano. Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá, porque apenas en ese momento, sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino volverse océano.”

Khalil Gilbran

Conceptos y definiciones, Energía, Métodos, Renuncia, Sistemas sociales, Tejido Social

7. El Ser ávido.

7. La Eternidad no Manifiesta

¿Para qué, cómo y por qué vivir?¿Para qué, cómo y por qué traer nuevas vidas a esta vida? ¿Para qué, cómo y por qué morir?

a. No todo pasa por nosotros mismos. Hay formas, conceptos, realidades que nos contienen, que las constituimos, pero que fueron, son y serán más allá de nosotros. Pero, si bien no somos protagonistas indispensables, las hacemos, influímos sobre ellas y hasta, con algo de esfuerzo, podemos variar su rumbo y su devenir.

Así es la vida. Venimos como hijos, dependiendo de las decisiones de nuestros padres. Aceptamos casi sin saberlo, esa realidad parcial de «la Vida» y hacemos de ella «nuestra vida». Nos apoderamos de parte de esa realidad preexistente a nosotros y trabajamos en ella de la manera que nos parece mejor. A veces, generamos nuevas vidas a las que les va a ocurrir algo similar a lo que estamos diciendo, y luego, no sabemos cuando, dejamos «nuestra vida», para que siga «la Vida», como pueda, con la proyección que le hemos dado con nuestro trabajo, con nuestras nuevas vidas, con nuestras ideas, con nuestro paso. Entonces, ¿qué es nuestro y qué no lo es? ¿Cuál es el sentido de la posesión, de poseer, si en realidad nada tendremos? ¿Tiene razón de ser la Avidez del SerH?

b. Este panorama, esta forma que tiene la Vida, y que aveces llamamos devenir, tiene un impulsor, tiene un motor que en algunos momentos es circunstancial, y en otros momentos resurge demostrando que siempre estuvo ahí, que está escondido pero que ante la necesidad siempre aparece. Esto no es innato, no es casual, tampoco es dogmático, ni es artículo de fé, es, en todo caso, un misterio, una forma que tiene la eternidad, el devenir de manifestarse. La Avidez nos lo demuestra. Es una fuerza impulsora que en determinado momento de nuestras vidas necesitamos. Que luego al manejarla, al llevarla a la consciencia y medirla, debemos equilibrar. Y, que también, cuando su función esté hecha deberemos desechar en el justo tiempo y en la justa medida.

Las nuevas vidas que llegan a nuestras vidas son el fruto de esta eternidad que nos toca vivir y que está impulsada por estos misteriosos motores, entre los cuales está la avidez. Las nuevas vidas nos impulsan, nos equilibran, nos mantienen en movimiento. Nos complican, pero nos demuestran que somos parte de esa eternidad, de esta Vida que es mía, pero que puedo dar, que puedo ofrendar, que debo dedicar aún no habiendo lazos directos de sangre. Y, así evolucionamos, nos desenvolvemos, vamos creando de nuestra mente, de nuestro conocimiento y nuestras devociones un día a día increíble, inaccesible pero real, que nos lleva a ser una parte de la eternidad.

c. La conciencia nos llama. No siempre, no a todos, tampoco nunca. El estar atentos a su llamado es vivir, vivir conscientemente. Experimentar la Avidez es necesario, usarla es necesario, desecharla en su justo tiempo y medida, es indispensable. Pero para ello experimentemos, aprendamos y ofrendemos esa experiencia. De eso se trata la evolución. Con eso se accede a la eternidad. Es como, paulatinamente, con voluntad y esfuerzo, ir cambiando el signo de nuestra vida. En realidad, es ir cambiando el signo de nuestra muerte, siendo eterno hasta desaparecer, y después también.

Vivamos en el Amor y en la compañía de nuestra propia muerte. Vivamos conscientes de ella para poder ser parte de la eternidad. Para qué esa eternidad nos abarque, nos contenga, pero también seamos autores de esa eternidad.

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5. El Ser ávido.

5. Las Clases Dirigentes

¿Quién es dirigente en esta sociedad? ¿Vivimos en sociedades desconsoladas por sus dirigentes? ¿El poder desequilibra la avidez?

a. Hemos dicho que el serh produce para su propio consumo, como mínimo, y para el consumo de las personas cuyo consumo depende de su producción. Este es un esquema individual simplificado, pero a nivel sistémico u organizacional varía el esquema gracias al modo de trabajo y a la especialización del conocimiento y de la producción individual. De estas diferencias y cualidades deberían surgir las personas más adecuadas para ser dirigentes, pero, no siempre ocurre así. De todos modos, el dirigente es aquel que dirige, que lleva el timón para llevar el colectivo que representa hacia mejores destinos para todos. Ese es un trabajo de interpretación del colectivo, elección de rumbos y estrategias, y un estilo de conducción inspirado y convincente. Estas tres condiciones son indispensables, las tres. Por eso, el dirigente es dirigente, no hay atenuantes.

Los sistemas que hemos creado para definir quiénes son los dirigentes de cada grupo social presentan serias deficiencias. ¿Concuerdas con ésto? ¿Son eficientes en este objetivo y conceptualización? Si lo logran inicialmente, ¿garantizan la continuidad en las cualidades necesarias?

b. El sistema laboral está polarizado. O sea, aquel mecanismo social al que debemos recurrir primariamente para producir nuestro consumo, está agrietado, polarizado y por consecuencia de estas tensiones, fatigado. Sus mejores características productivas están gastadas, desactivadas y deficientes. Y ésto es lo que hace que ser dirigente de una forma proactiva y sinérgica sea casi imposible.

Las organizaciones de cualquier tipo están concebidas por «las reglas del juego», las leyes, jurisprudencias y costumbres, se ven como «juegos de suma cero». Para que un jugador -cualquiera sea su posición- pueda ganar más y mejor, otro u otros jugadores opuestos deben ganar menos y en la misma medida. Esta situación, más o menos crítica en cada región, en cada país, es la que nos llevó y nos sigue llevando a la creciente «deshumanización» de la producción y el consumo. Y, por ello, la economía pasa a ser el motor desalentador, recesivo y desnaturalizado de la vida cotidiana del serh. Los dirigentes, aquellos seres que asumen la historia y autoría de estas «reglas del juego» de las que hablamos, y de su ejecución y cumplimiento son tanto víctimas como victimarios de la deshumanización, y esa imágen está cada vez más presente en nuestras conciencias y en nuestras vidas.

Es necesario repensar y reformular muchas de estas reglas del juego. Pero, ¿quién puede hacerlo? El mismo sistema autoriza o desautoriza los miembros adecuados para ello, y por lo tanto quien tiene el poder para hacerlo es el mismo sistema, sus dirigentes. Este procedimiento cerrado y recursivo en sí mismo nos inmoviliza, nos retiene, nos frustra.

c. La idea originaria que diseña un sistema responde a una necesidad social con un objetivo funcional. Ese diseño original luego evolucionará y se adaptará a las dinámicas sociales, pero esto no es independiente de las personas que dirigen y lideran esos sistemas, y debería serlo. Ahora, ¿quién con más autoridad que los dirigentes puede observar, criticar y cambiar el sistema? La respuesta es: todo el colectivo social involucrado. Y esto por ahora es una entelequia, una idea que no hemos implementado, una sensación social que no sabemos aún como resolverla. ¿Cómo un colectivo social puede cambiar y resolver sus mecanismos de funcionamiento y elección de sus dirigentes sin la preponderancia de las opiniones de sus propios dirigentes?

Uno de los principios funcionales de la sociedad en su conjunto que ha evolucionado enormemente en las últimas décadas ha sido la comunicación. La relación entre las personas ha tomado predominancia sobre la individualidad. Así, hoy en día, los colectivos sociales toman los protagonismos que en otras épocas tomaban las individualidades llamadas líderes. Y¿cómo lo hacen? por medio de la comunicación.

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Conceptos y definiciones, Economía, Tejido Social

3. El Ser ávido.

3. La Avidez de los Otros

a. La avidez, esa falta de equilibrio entre el consumo y la producción, es por lo general, evidente en otras personas antes que en uno mismo. Cada individuo, puede darse cuenta de su propia avidez luego de haber sufrido la avidez ajena. Y esto es consecuencia de los mecanismos que la sociedad a desarrollado para enseñarnos a producir. La moneda, el mercado y la economía son ejemplos de ello. Vemos a esta forma de plantear la producción y sus sistemas representativos como «Juegos de suma cero». O sea que vemos estos esquemas como sistemas en donde las cantidades que pierde un jugador son las cantidades que gana el otro, o los otros jugadores.

En este punto, no podemos dejar de tener en cuenta, un ingrediente importantísimo: Los riesgos. Así como hemos hecho el ejercicio de «humanizar» el consumo y la producción, explicitado sus influencias sobre las emociones, los sentimientos y las relaciones humanas, así debemos «humanizar» las pérdidas, los duelos que traen aparejados la economía y la medición de sus probabilidades: Los riesgos.

También la moneda tiene otra cara. La producción tiene «riesgos» pero también tiene «arte». Aquello que hacemos distinto y mejor, aquello que la magia de la casualidad nos otorga, aquello que descubrimos solo nosotros con el razonamiento más elevado de nuestro follaje lógico. Eso es el arte de nuestra producción. Es el estilo que nos distingue y nos hace únicos y valiosos.

Entonces, al «humanizar» en nuestra conciencia, aquellos sistemas que involucran a la producción y al consumo, al incorporar los conceptos de «riesgo» y de «arte» nos damos cuenta que ya NO pueden crecer en nuestra conciencia como «juegos de suma cero», ya no responden solamente a una matemática económica y financiera, sino a reglas y paradigmas mucho más amplios y diversos que debemos estudiar y analizar como tales.

b. Nuestra producción nos da recursos que nosotros destinamos a distintos objetivos y fines. El primer fin y el objetivo natural es el consumo, tanto mío individual como el de aquellas personas que están bajo nuestra responsabilidad. Pero luego, esto nos enseña que el tener recursos disponibles nos da poder.

Es natural que el disponer de los recursos que otra persona necesita para vivir, nos dé una sensación de poder. También es natural, que al tener más recursos disponibles esa sensación de poder aumente. Eso es natural, pero no es lógico, ni tampoco es una sensación que transformada en acción sea responsable. Y esto, se evidencia en distintas formas, en los sucesivos tramos de la vida productiva de una persona.

c. Esta desvinculación de cierta parte de los recursos del sistema productivo que hacemos para sentirnos poderosos es un hábito más común de lo que suponemos. En general, siempre tiene un justificativo matemáticamente lógico, pero desatiende a la «humanización» del sistema económico.

Por ello es muy necesaria la conciencia de todos nosotros de esta situación. Es un concepto de una gran sutileza, encubierto socialmente en los derechos de la persona, pero en la conciencia de cada emprendedor está oculto sin explicación y sin evidencia y luego al llegar a la concresión de sus proyectos eso aflora como una gran emoción, una gran satisfacción que no pasa por la lógica, no pasa por la mente y este paso, esta concientización, es necesaria socialmente. Nuestros contemporáneos la necesitan, la consagran, la disfrutan y adoptan, sólo si la sabemos exponer, contagiar y trascender. Y lo primero es llevarla a la conciencia. Ese es el comienzo del éxito.

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2. El Ser ávido.

2. El Camino de la Ávidez

a. Estamos acostumbrados a elegir, y más aún, a elecciones binarias y por oposición. Acudamos a cierta imágen que nos ilustre. Al llegar a una intersección de caminos o calles, tenemos dos opciones, seguir por el camino que veníamos o tomar el camino que cruza.

Pero, ¿cuál es el camino que cruza el camino de la avidez? Si hemos dicho que nacimos para consumir, vivimos gracias a nuestro consumo, y necesitamos aprender a producir para no perecer por la falta de consumo.

Aprender a producir es un largo y complejo esfuerzo. Y, con un desafío aún mayor: aprender a producir mientras alguien que nos ama toma la responsabilidad de producir por nosotros. Después, en algún momento no conocido, la responsabilidad y necesidad de producir nuestro consumo ya depende de nuestro propio esfuerzo, sin atenuantes, sin discusiones, sin dilaciones posibles. Este proceso de aprender a producir es, como dijimos, un gran aprendizaje y también al llegar a concretarlo, un gran logro. A veces muy gratificante, personal y constructivo. Pero, muchas veces, crea dependencia mental y espiritual, apabulla y confunde. Ese efecto es el que debe llamar a nuestra conciencia, y, en ese momento debemos tomar la bifurcación, ahí es donde tomar decisiones y seleccionar nuestra forma de vida.

b. ¿Por qué desviarse del camino de la producción, si en realidad consumiremos toda la vida? Es cierto, y es aquí dónde debemos hacer un análisis muy certero de las características de nuestro consumo y las facultades de nuestra producción para darnos cuenta en qué situación nos encontramos. Pero también, la rectificación de nuestro camino de producción no tiene que ser en calidad ni en cantidad, sino en productividad, objetivos y dinámica.

Debemos tener siempre presente los tres planos de nuestra vida productiva. La forma, la lógica y lo trascendente de nuestra producción. Y, una observación sustancial de nuestra forma de ver estos tres planos, es no confundir el medio, -el dinero- con el objetivo. No producimos en primer instancia, para obtener más y más dinero, producimos para poder consumir en la medida que lo necesitemos.

c. Pero, ¿qué debo hacer si este equilibrio entre lo que produzco y lo que necesito no se logra? En realidad la pregunta más exacta es ¿cómo mantener este equilibrio en el tiempo, en contextos muy cambiantes? Y, más allá de eso, ¿Cómo hacer para que esta cuestión no domine y limite mí vida afectivamente, emocionalmente y tracendentemente?

El equilibrio entre consumo y producción no es una balanza que mide, en un determinado momento una relación de dos magnitudes medidas en una unidad de medida homogénea. Es en sí, una relación continua en el tiempo que tiene una magnitud o unidad de medida estable pero que crece y decrece de acuerdo a nuestras actitudes y acciones. Y, estas actitudes y acciones son productivas o no, mantienen el equilibrio o no de acuerdo a nuestro expertisse, a nuestro conocimiento y a nuestra conciencia.

Así, lo que parecía ser una relación simple de más o menos dinero, más o menos productividad de los recursos físicos y económicos pasa a ser una conjunción sociológica de tres variables:

  • Productividad del Patrimonio.
  • Productividad del Tiempo
  • Productividad del Conocimiento

Así, es posible llevar a la conciencia individual, por el camino de la coherencia y el equilibrio personal respecto de las necesidades del entorno y la sociedad.

Tu trabajo sobre este conocimiento:

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2. Ahorrar, un mito.

2. El Contexto

a. Cuando la conciencia no existe o no se hace acción, con el tiempo, las intenciones de las vinculaciones contextuales o sociales, se imponen. «Nos arrastra la corriente», lo explica más fácilmente. «Nos dejamos llevar», por las presiones del sistema, o sea, de lo que el contexto necesita de nosotros y pasamos por alto nuestras posibilidades y necesidades reales.

Este mecanismo causado por deficiencias en el proceso de concientización de cada individuo es tan poderoso que, podríamos decir, define destinos de naciones enteras. Socialmente, los diseños y destinos de los diferentes grupos sociales, dependen de este estado de concientización individual de sus miembros. Es, en sí, lo definitorio de pertenecer o no pertenecer a los niveles sociales y a la contención psíquica, cultural y trascendente que define a cada grupo.

b. La frustración que se produce en un SerH al crecer y percibir que sus posibilidades sociales están determinadas por su origen en función de un sistema social que no controla, es lapidaria para toda su vida y, si no logra ver otro horizonte, es definitiva y hasta heredable.

Pero no es definitivamente así. La conciencia y la expansión de los estados de conciencia, nos dan la posibilidad de aprender a superar cualquier sistema por definitivo y cerrado que sea. Estar atento a las posibilidades y necesidades de la sociedad en que vivimos, del otro, es la riqueza que nos abre caminos insospechados, más allá de aquello que el mismo «sistema» puede cerrar. Ese salto cuántico que hacemos cuando somos concientes de nosotros mismos y de nuestros vínculos con la sociedad, nos lleva, podríamos decir casi automáticamente, a encontrar oportunidades que trascienden lo determinista, lo «ya escrito», el destino personal del individuo.

c. Pero, escuchamos por ahí, «no todos podemos triunfar», no todos podemos tener éxito al mismo tiempo. Es cierto ésto, pero es cierto si lo miramos desde un punto de vista de «suma cero», de pensar que lo que yo gano, lo gano porque otro lo pierde. Pero hay otra forma de ver las cosas.

El desarrollo de las sociedades conscientes se manifiesta con oportunidades para todos, -y no para todos por igual, porque sino no serían oportunidades-, sino para todos y cada uno en su individualidad, y en su estado de conciencia. La trascendencia -algo parecido al éxito del que hablábamos en el párrafo anterior- es un estado de conciencia que nos permite a cada uno de nosotros plasmar todas las potencialidades que tenemos en beneficio de la sociedad en que vivimos y por consecuencia y en última instancia, en beneficio propio.

En las próximas entradas:

  • Las alternativas. ¿Hay alternativas? ¿Hay otros caminos para tomar?
  • Decidir. La acción de cada día decide. ¿Hacia donde va mí minuto a minuto? ¿Tengo un plan y un rumbo pensados?
  • Contención en mí. ¿Mis planes me contienen? ¿Mis rumbos, me dan esperanzas y certezas?
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1. Ahorrar, un mito.

1. La Culpa

a. Muy frecuentemente hay preguntas que merecen una respuesta como «sí y no». Y la sensación es que la pregunta no está respondida, y que la persona que responde no tiene la intención de hacerlo. Esta es la situación que tenemos cuando, por ejemplo, preguntamos: ¿Es culpa mía no poder ahorrar y tener problemas de tipo económico financiero? Pero analicemos esta pregunta desde los dos puntos de vista, desde la visión e intención del que la plantea, y desde la visión del que la responde. ¿Para qué? Para aprender y comprender las distintas facetas de esa situación.

Desde el punto de vista de la persona que plantea esta pregunta. Observemos que, si se plantea de esta forma es porque hay una conciencia latente de que es necesario ahorrar y que sería por lo menos bueno, lograrlo en alguna medida. También, si está preguntando por una culpa desencadenante hay conciencia de una causa y también hay conciencia de que debemos buscarla para intentar solucionar la situación.

Desde el punto de vista del que debe contestar esta pregunta veamos que debemos interpretar la o las ideas desencadenantes según la persona que la hace, su situación y contexto. Como así también darse cuanta los distintos actores y momentos que hacen que la respuesta pueda ser, justificada y bien intencionadamente, un «si y no».

b. ¿Es culpa mía no poder ahorrar y tener problemas de tipo económico financiero?

Sí. Porque estamos hablando de tus decisiones de vida, de lo que has hecho con tu capacidad y con tu producción. Y, ésto es lo que, mentalmente, te posibilita tomar las riendas del tema y solucionarlo. Las consecuencias del problema te acosan, te llegan de una manera incómoda y estresante, entonces es mejor que asumamos que el problema existe y que debo salir de esa situación.

No. Porque el sistema económico que nos incluye está diseñado de esa forma. No identificamos de quién es la culpa específicamente, pero indudablemente las formas que toma casi «automáticamente» la economía por estás geografías, se acomoda para que tu poder de ahorro sea fácticamente nulo, o muy pequeño.

c. El sistema económico que nos abarca, está planteado. Mis decisiones dentro de él han sido las que me llevaron hasta aquí. El paradigma que nos contiene tiene sus limitaciones y las impone drásticamente. Es muy bueno que tengamos conciencia de ello. Es el único primer paso que nos va a permitir buscar una solución, buscar los límites del paradigma, identificarlos para luego, mentalmente saltarlos y poder buscar un nuevo paradigma que nos dé otras posibilidades, otros horizontes.

Mí sociedad, yo no!!!

En las próximas entradas:

  • El contexto. Reconozcamos los factores contextuales que me llevan a que el ahorro y el desarrollo sea un mito.
  • Las alternativas. ¿Hay alternativas? ¿Hay otros caminos para tomar?
  • Decidir. No solo decidir es la solución, hay que mantener y establecer.