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La Ley del Océano

¿Qué es la Ley del Océano?

¿Sabemos cuán costosa es nuestra libertad? ¿Pero nuestra libertad incluye nuestra individualidad? Y nuestros lazos sociales, ¿Qué papel cumplen en nuestra vida anheladamente libre?

Si recurrimos a un ejemplo, a una metáfora, nos dará luz al tema, pero luego de plantear los postulados de esa figura, habrá que desenredar, desandar el ejemplo.

La gota. Ese es nuestro ejemplo. Su contexto: El Océano. Hemos definido, al tomar este ejemplo, una individualidad -la gota- perteneciente a un todo -el océano-. Ahora generemos las ideas análogas de las cualidades que nos preocupan: Lazos sociales y libertad.

Sigamos buscando nuestras respuestas. Las analogías nos ayudan, pero las respuestas son individuales, de cada ser, de cada gota…


“Dicen que antes de entrar en el mar, EL RIO tiembla de miedo , mira para atrás, para todo el día recorrido, para las cumbres y las montañas, para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y vé hacia adelante un océano tan extenso, que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre. Pero no existe otra manera. El río no puede volver. Nadie puede volver. Volver es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar al océano. Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá, porque apenas en ese momento, sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino volverse océano.”

Khalil Gilbran

Conceptos y definiciones, Economía, Métodos, Tejido Social

4. El Ser ávido.

4. Superar o Trascender

a. Hemos recorrido la avidez del serh proponiendo una conciencia de lo natural del consumo y de lo lógico de la producción. Hemos avanzado sobre la no polarización de estos dos conceptos, la «humanización» de este par conceptual inseparable. Hemos incluído en esta paridad lo individual, lo característico de cada individuo, sus riesgos, su arte y su resultante equilibrio en cada serh. Y ahora nos convoca la palabra «tiempo». Los tiempos, las épocas de la avidez del ser humano y sus características son variables en el tiempo, en la vida de cada persona, de cada individuo. Cambian de acuerdo a las circunstancias que el individuo vive, a su edad, a sus responsabilidades y también a sus libertades intrínsecas.

b. El equilibrio de la avidez del serh es un continuo de decisiones a través del tiempo. Es un ejercicio que hacemos constantemente. Es una convivencia que tiene un tiempo de aprendizaje, un tiempo de comprensión, -de aceptación de esa mecánica en nuestra individualidad y de adaptación a nuestras características- y, por último un tiempo de sabiduría, -de manejar estos conceptos y estas decisiones en base a la conciencia y a la experiencia adquirida-, en beneficio de ese equilibrio entre riesgo y arte que caracterizan nuestra individualidad. Y como es un proceso que cada individuo recorre por distintos senderos y con distintos resultados para sí mismo, al socializar ese proceso y comparar para aprender del otro, de la experiencia social en su conjunto, hemos adquirido un parámetro en común y lo llamamos «productividad».

La productividad es la razón o cociente entre lo producido y lo consumido por un determinado individuo, ente o sistema en una determinada circunstancia. Y, así como se define la productividad individual, también se define la productividad de los sistemas y de los sistemas sociales o sociedades.

c. Este proceso de aprender a ser productivos con una avidez equilibrada y una humanización de los valores es esencial tanto para el individuo, como para las sociedades en su totalidad. Tanto el individuo como las sociedades que él constituye pueden superar este proceso o trascenderlo.

No es lo mismo superar que trascender. Superamos un proceso cuando logramos, solamente, que este proceso quede atrás en nuestro tiempo, en nuestra vida. No hay una comprensión cabal del proceso, hay un pasaje poco consciente y poco formativo que ocupó nuestro tiempo pero no nuestra mente.

Trascender es llegar a la etapa culminante del proceso sin abandonar mentalmente ninguna etapa recorrida. Mantenerse en el aprendizaje y en la comprensión para seguir alimentando el saber alcanzado. La trascendencia de un proceso hace de él un espiral ascendente que crece en toda oportunidad que se presente. Es indispensable, en procesos continuos como este, reconocer esta diferencia y mantenerse en un estado de trascendencia abierta al futuro y a la libertad individual.

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3. El Ser ávido.

3. La Avidez de los Otros

a. La avidez, esa falta de equilibrio entre el consumo y la producción, es por lo general, evidente en otras personas antes que en uno mismo. Cada individuo, puede darse cuenta de su propia avidez luego de haber sufrido la avidez ajena. Y esto es consecuencia de los mecanismos que la sociedad a desarrollado para enseñarnos a producir. La moneda, el mercado y la economía son ejemplos de ello. Vemos a esta forma de plantear la producción y sus sistemas representativos como «Juegos de suma cero». O sea que vemos estos esquemas como sistemas en donde las cantidades que pierde un jugador son las cantidades que gana el otro, o los otros jugadores.

En este punto, no podemos dejar de tener en cuenta, un ingrediente importantísimo: Los riesgos. Así como hemos hecho el ejercicio de «humanizar» el consumo y la producción, explicitado sus influencias sobre las emociones, los sentimientos y las relaciones humanas, así debemos «humanizar» las pérdidas, los duelos que traen aparejados la economía y la medición de sus probabilidades: Los riesgos.

También la moneda tiene otra cara. La producción tiene «riesgos» pero también tiene «arte». Aquello que hacemos distinto y mejor, aquello que la magia de la casualidad nos otorga, aquello que descubrimos solo nosotros con el razonamiento más elevado de nuestro follaje lógico. Eso es el arte de nuestra producción. Es el estilo que nos distingue y nos hace únicos y valiosos.

Entonces, al «humanizar» en nuestra conciencia, aquellos sistemas que involucran a la producción y al consumo, al incorporar los conceptos de «riesgo» y de «arte» nos damos cuenta que ya NO pueden crecer en nuestra conciencia como «juegos de suma cero», ya no responden solamente a una matemática económica y financiera, sino a reglas y paradigmas mucho más amplios y diversos que debemos estudiar y analizar como tales.

b. Nuestra producción nos da recursos que nosotros destinamos a distintos objetivos y fines. El primer fin y el objetivo natural es el consumo, tanto mío individual como el de aquellas personas que están bajo nuestra responsabilidad. Pero luego, esto nos enseña que el tener recursos disponibles nos da poder.

Es natural que el disponer de los recursos que otra persona necesita para vivir, nos dé una sensación de poder. También es natural, que al tener más recursos disponibles esa sensación de poder aumente. Eso es natural, pero no es lógico, ni tampoco es una sensación que transformada en acción sea responsable. Y esto, se evidencia en distintas formas, en los sucesivos tramos de la vida productiva de una persona.

c. Esta desvinculación de cierta parte de los recursos del sistema productivo que hacemos para sentirnos poderosos es un hábito más común de lo que suponemos. En general, siempre tiene un justificativo matemáticamente lógico, pero desatiende a la «humanización» del sistema económico.

Por ello es muy necesaria la conciencia de todos nosotros de esta situación. Es un concepto de una gran sutileza, encubierto socialmente en los derechos de la persona, pero en la conciencia de cada emprendedor está oculto sin explicación y sin evidencia y luego al llegar a la concresión de sus proyectos eso aflora como una gran emoción, una gran satisfacción que no pasa por la lógica, no pasa por la mente y este paso, esta concientización, es necesaria socialmente. Nuestros contemporáneos la necesitan, la consagran, la disfrutan y adoptan, sólo si la sabemos exponer, contagiar y trascender. Y lo primero es llevarla a la conciencia. Ese es el comienzo del éxito.

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El Ser ávido.

Introducción

¿Qué quiere decir ávido? ¿Porqué el Ser ávido? ¿De dónde viene este Ser ávido?¿Hacia dónde va? ¿Era necesario este camino?

a. ¿Qué es la avidez? Hay varias acepciones de la palabra:

«Que siente un deseo fuerte e intenso de tener, hacer o conseguir algo.»(1)

«El adjetivo ávido o ávida expresa el deseo intenso por algo. … El adjetivo ávido se corresponde con el sustantivo avidez, que es un sentimiento similar a la ambición, a la pasión o a la voracidad.»(2)

Gran parte de los problemas sociales de hoy en día parten de esta avidez del SerH, con matices de acuerdo a cada individualidad, pero con causas que no son del todo claras, ni hemos trabajado en descubrirlas, ni en subsanarlas. No vamos a hablar de culpas, no vamos a marcar errores, no vamos a denotar sectorizaciones de ningún tipo, pero sí vamos a tratar de traer a nuestra conciencia actual, esta realidad que nubla el avance y desarrollo de muchos individuos, y quita posibilidades de felicidad y realización personal a todos y cada uno de nosotros.

b. El «tener», pensado como el retener cosas para uno mismo, evitando su flujo natural, su utilización eficiente y su poder creador, tiene su principal origen en los miedos. Tiene su razón en los miedos más profundos del SerH y en la falta de conciencia y tratamiento personal de esos miedos. Pero los miedos no son naturales de por sí, los crea la experiencia, la reiteración de errores, la imprevisión, el contexto hostil que, en algún momento vivimos. Si las salidas de esas circunstancias se aprenden sobre la base de un «tener», eso se traduce en una avidez y quizás, en una avidez desmedida y muy perjudicial para la sociedad en su conjunto.

c. Los caminos de la conciencia, de la aceptación y de la renuncia son otros, pero hay que aprender a elegirlos. No son inmediatos, tampoco casuales, ni gratuitos. Requieren concentración, esfuerzo e inspiración, pero están y al encontrarlos se ve el horizonte, se recupera la dignidad, se llega a la más pura libertad para nuestra vida y la vida de nuestra sociedad.

¿Era necesario este camino? Sí. Era necesario. Fueron realmente necesarios los errores, las guerras, los miedos, las corrupciones, los atrasos y traiciones. Son los anticuerpos, las vacunas, los contrasentidos que crearon este SerH actual que somos. Pero ahora, ya nos dimos cuenta, ya «caímos» en esa trampa, ya tenemos todas las defensas altas, todos los métodos y mecanismos para trascender esta realidad tan dura y perjudicial para todos. Es cuestión de poner esos métodos y mecanismos en práctica y despegar hacia otra realidad.

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