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Cuando tenía cinco años…

Cuando tenías cinco años, ¿qué querías ser de mayor?

Cuando tenía cinco años no sabía muy bien qué y cómo era ser mayor. En esos años nuestros padres, -por lo menos los míos- a pesar de que se dedicaban mucho a mí, yo no los veía trabajar como suele suceder ahora. Trabajaban fuera de casa en su ocupación, llamémosle laboral, y en casa en las tareas de la casa.

Al ir creciendo, se hacía más accesible, una visión de cómo era trabajar de lo que nuestros padres hacían. El anhelo «invisible» era ser un profesional. También, y en mi casa, quizás en otras no, era bien visto ser emprendedor y luego trabajador independiente, comerciante, profesional o industrial.

¿Qué quería ser? Quizás, en aquellos años, quería ser como mis padres, amorosos conmigo pero muy responsables y trabajadores detrás de los objetivos antes mencionados.

Pero, ¿para qué describir ésto y lo que sigue? Nuestra experiencia en primera persona ya es pasado. La realidad socio-cultural y laboral o económica ha cambiado mucho. Hay otras oportunidades y también otros riesgos. Y ahora, ya no somos hijos en desarrollo, somos padres, madres o quizás también, abuelos.

¿Qué quieren ser los niños actuales de cinco años? Esa es nuestra oportunidad hoy en día. Ese es nuestro gran desafío, y debe ser nuestro interés. ¿Qué se parezcan a nosotros, y hagan lo qué nosotros hacemos? Posiblemente, pero no necesariamente, quizás, sea interesante o atractivo para ellos, pero ¿será lo más conveniente? Me animaría a decir que muy probablemente no sea así.

Todo niño tiene virtudes que descubrir, fortalezas que desarrollar y también tiempo y energías. Eso, para mí, es mágico y apasionante. Ese don de ser niño, con todos los potenciales a disposición debe ser, a mí entender, el mayor punto de atención, investigación y acción que ocupe a una sociedad inteligente, a una cultura proactiva y empática con su entorno y su desarrollo.

Les dejo algunas preguntas para los comentarios que tanto me gusta leer, para entender cuan equivocado o quizás acertado estoy.

  • ¿A los cinco años, cuál era tu juego preferido, y como fueron mutando tus intereses al pasar los años y las etapas de tu vida?
  • ¿Cómo, un niño de hoy en día, desarrolla sus intereses y gustos? ¿Con que herramientas enfrenta sus desafíos y angustias?
  • ¿Qué podemos hacer para que el futuro sea, cómo ellos -los niños de hoy- lo necesitan e imaginan?
Economía, Finanzas, Métodos, Revoluciones

El Trabajo

El Velo Negro del Trabajo

¿Es natural trabajar? ¿Es necesario o indispensable?

¿Si no es remunerado no es trabajo?

¿Cuál es el principio básico de la productividad de tu trabajo actual?

¿Cuál es la diferencia entre la rutina y el método?

¿Cuál es la relación entre trabajo, rol social, pertenencia y sociedad?

¿De que se trata la «cultura del trabajo»?

¿Cuánto influyen todos éstos conceptos en nuestra vida diaria?

¿Cuánto de lo que cada uno de nosotros piensa o sabe al respecto, se tiene en cuenta para el diseño de nuestras leyes, de nuestras fuentes de trabajo, de nuestras sociedades en definitiva?

¿La percepción que cada uno tiene del trabajo, de su trabajo, es transitoria, cambiante, evolutiva? ¿Temporal? ¿Cuánto tiene de definitiva?

¿Cuántos temas y matices convergentes encontraremos que nos velan el concepto de Trabajo? Y que también complican las elecciones a la hora de trabajar. Nos llevan a una dinámica irreflexiva, automática, cómoda pero a su vez angustiante y desesperanzadora, indigna.

Próximamente:
  • Un trabajo abismal
  • Trabajos opuestos
  • Elegir y sostener mi trabajo
  • Alojarse en la contención
  • Descubriendo mi arte
  • Volver a jugar

Conceptos y definiciones, Economía, Tejido Social

3. El Ser ávido.

3. La Avidez de los Otros

a. La avidez, esa falta de equilibrio entre el consumo y la producción, es por lo general, evidente en otras personas antes que en uno mismo. Cada individuo, puede darse cuenta de su propia avidez luego de haber sufrido la avidez ajena. Y esto es consecuencia de los mecanismos que la sociedad a desarrollado para enseñarnos a producir. La moneda, el mercado y la economía son ejemplos de ello. Vemos a esta forma de plantear la producción y sus sistemas representativos como «Juegos de suma cero». O sea que vemos estos esquemas como sistemas en donde las cantidades que pierde un jugador son las cantidades que gana el otro, o los otros jugadores.

En este punto, no podemos dejar de tener en cuenta, un ingrediente importantísimo: Los riesgos. Así como hemos hecho el ejercicio de «humanizar» el consumo y la producción, explicitado sus influencias sobre las emociones, los sentimientos y las relaciones humanas, así debemos «humanizar» las pérdidas, los duelos que traen aparejados la economía y la medición de sus probabilidades: Los riesgos.

También la moneda tiene otra cara. La producción tiene «riesgos» pero también tiene «arte». Aquello que hacemos distinto y mejor, aquello que la magia de la casualidad nos otorga, aquello que descubrimos solo nosotros con el razonamiento más elevado de nuestro follaje lógico. Eso es el arte de nuestra producción. Es el estilo que nos distingue y nos hace únicos y valiosos.

Entonces, al «humanizar» en nuestra conciencia, aquellos sistemas que involucran a la producción y al consumo, al incorporar los conceptos de «riesgo» y de «arte» nos damos cuenta que ya NO pueden crecer en nuestra conciencia como «juegos de suma cero», ya no responden solamente a una matemática económica y financiera, sino a reglas y paradigmas mucho más amplios y diversos que debemos estudiar y analizar como tales.

b. Nuestra producción nos da recursos que nosotros destinamos a distintos objetivos y fines. El primer fin y el objetivo natural es el consumo, tanto mío individual como el de aquellas personas que están bajo nuestra responsabilidad. Pero luego, esto nos enseña que el tener recursos disponibles nos da poder.

Es natural que el disponer de los recursos que otra persona necesita para vivir, nos dé una sensación de poder. También es natural, que al tener más recursos disponibles esa sensación de poder aumente. Eso es natural, pero no es lógico, ni tampoco es una sensación que transformada en acción sea responsable. Y esto, se evidencia en distintas formas, en los sucesivos tramos de la vida productiva de una persona.

c. Esta desvinculación de cierta parte de los recursos del sistema productivo que hacemos para sentirnos poderosos es un hábito más común de lo que suponemos. En general, siempre tiene un justificativo matemáticamente lógico, pero desatiende a la «humanización» del sistema económico.

Por ello es muy necesaria la conciencia de todos nosotros de esta situación. Es un concepto de una gran sutileza, encubierto socialmente en los derechos de la persona, pero en la conciencia de cada emprendedor está oculto sin explicación y sin evidencia y luego al llegar a la concresión de sus proyectos eso aflora como una gran emoción, una gran satisfacción que no pasa por la lógica, no pasa por la mente y este paso, esta concientización, es necesaria socialmente. Nuestros contemporáneos la necesitan, la consagran, la disfrutan y adoptan, sólo si la sabemos exponer, contagiar y trascender. Y lo primero es llevarla a la conciencia. Ese es el comienzo del éxito.

  • Laboratorio:
  • Gestión:
  • Planificación
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Conceptos y definiciones, Economía, Finanzas

Ahorrar, un mito.

Introducción

Hablar de economía es entrar en una selva oscura, cerrada, para no saber cómo, cuándo, ni por dónde salir. La macro o la microeconomía, los tratados, los clásicos, y todo lo que a economía y finanzas se refiere nos abarca, nos presiona y nos duele cada día. El trabajo, el stress, las deudas y las ganancias, lo familiar, el status social, el transcurrir de la vida está marcado por lo económico. Nadie se salva, nadie se puede mantener al margen, nadie lo asume pero tampoco nadie lo puede sortear, soslayar, o dejar de lado. Desde este lugar, tan marginal y recóndito, desde un lugar de opinión, que quiere ser un aporte al vivir nuestro de cada día, creo que necesitamos hablar de economía. Mí lugar, tu lugar quizás, pero desde el lugar que nos toca todos los días, a cada hora y en cada punto donde existe un serh en esta nación.

Siempre he sido y soy optimista, pensado que mí situación económica, que mis ingresos y los productos de esos ingresos pueden mejorar. Son un problema actual, pero pueden mejorar. Pero, cada paso en positivo, cada situación de mejora, tuvo siempre una «compensación», una vuelta atrás que hizo que esa sensación constante y persistente de insatisfacción económica, vuelva a instalarse y vuelva a empezar este angustiante ciclo.

¿Este es el motor de mi trabajo, de mi desarrollo, de mi vida? ¿Esto es lo que quiero que me ocurra hasta la hora de mí descanso? ¿Esta es la vida que quiero dejarles a mis hijos? No, no es así. No es ésto. ¿Y entonces? ¿Hago mal en mezclar en un escrito, que quizás pocos lean, economía y sentimientos? ¿Son incompatibles las mezclas de las emociones con las finanzas, los mercados y las monedas?

Es la hora, creo. Es el momento que, debemos pensar, analizar y decidir sobre estos temas en conjunto. No podemos más soslayar lo personal, lo emocional a lo económico. Toda economía debe servir al individuo, y una forma de empezar es pensarlo en conjunto, concebir la economía como algo social, como una herramienta de búsqueda de momentos felices y plenos. Es la forma de jerarquizar la vida, los sentimientos y las emociones, las relaciones personales, las intenciones más profundas por sobre todo lo material, por sobre todo lo económico, sobre todo lo transaccional.

No es un trabajo fácil. No es inmediato. No estamos educados ni preparados para ello, todo lo contrario. Pero es la hora, debemos hacerlo, debemos aprenderlo y luego poder transmitirlo. Mutar hacia nuevas formas que garanticen la preeminencia de mis sentimientos y emociones, de mis artes, por sobre mis producciones, mis economías y mis especulaciones. Hacia ahí vamos.

En las próximas entradas:

  • La culpa. ¿Qué hago yo para que el ahorro sea un mito, una ilusión?
  • El contexto. Reconozcamos los factores contextuales que me llevan a que el ahorro y el desarrollo sea un mito.
  • Las alternativas. ¿Hay alternativas? ¿Hay otros caminos para tomar?