Conceptos y definiciones, Economía, Tejido Social

3. El Ser ávido.

3. La Avidez de los Otros

a. La avidez, esa falta de equilibrio entre el consumo y la producción, es por lo general, evidente en otras personas antes que en uno mismo. Cada individuo, puede darse cuenta de su propia avidez luego de haber sufrido la avidez ajena. Y esto es consecuencia de los mecanismos que la sociedad a desarrollado para enseñarnos a producir. La moneda, el mercado y la economía son ejemplos de ello. Vemos a esta forma de plantear la producción y sus sistemas representativos como «Juegos de suma cero». O sea que vemos estos esquemas como sistemas en donde las cantidades que pierde un jugador son las cantidades que gana el otro, o los otros jugadores.

En este punto, no podemos dejar de tener en cuenta, un ingrediente importantísimo: Los riesgos. Así como hemos hecho el ejercicio de «humanizar» el consumo y la producción, explicitado sus influencias sobre las emociones, los sentimientos y las relaciones humanas, así debemos «humanizar» las pérdidas, los duelos que traen aparejados la economía y la medición de sus probabilidades: Los riesgos.

También la moneda tiene otra cara. La producción tiene «riesgos» pero también tiene «arte». Aquello que hacemos distinto y mejor, aquello que la magia de la casualidad nos otorga, aquello que descubrimos solo nosotros con el razonamiento más elevado de nuestro follaje lógico. Eso es el arte de nuestra producción. Es el estilo que nos distingue y nos hace únicos y valiosos.

Entonces, al «humanizar» en nuestra conciencia, aquellos sistemas que involucran a la producción y al consumo, al incorporar los conceptos de «riesgo» y de «arte» nos damos cuenta que ya NO pueden crecer en nuestra conciencia como «juegos de suma cero», ya no responden solamente a una matemática económica y financiera, sino a reglas y paradigmas mucho más amplios y diversos que debemos estudiar y analizar como tales.

b. Nuestra producción nos da recursos que nosotros destinamos a distintos objetivos y fines. El primer fin y el objetivo natural es el consumo, tanto mío individual como el de aquellas personas que están bajo nuestra responsabilidad. Pero luego, esto nos enseña que el tener recursos disponibles nos da poder.

Es natural que el disponer de los recursos que otra persona necesita para vivir, nos dé una sensación de poder. También es natural, que al tener más recursos disponibles esa sensación de poder aumente. Eso es natural, pero no es lógico, ni tampoco es una sensación que transformada en acción sea responsable. Y esto, se evidencia en distintas formas, en los sucesivos tramos de la vida productiva de una persona.

c. Esta desvinculación de cierta parte de los recursos del sistema productivo que hacemos para sentirnos poderosos es un hábito más común de lo que suponemos. En general, siempre tiene un justificativo matemáticamente lógico, pero desatiende a la «humanización» del sistema económico.

Por ello es muy necesaria la conciencia de todos nosotros de esta situación. Es un concepto de una gran sutileza, encubierto socialmente en los derechos de la persona, pero en la conciencia de cada emprendedor está oculto sin explicación y sin evidencia y luego al llegar a la concresión de sus proyectos eso aflora como una gran emoción, una gran satisfacción que no pasa por la lógica, no pasa por la mente y este paso, esta concientización, es necesaria socialmente. Nuestros contemporáneos la necesitan, la consagran, la disfrutan y adoptan, sólo si la sabemos exponer, contagiar y trascender. Y lo primero es llevarla a la conciencia. Ese es el comienzo del éxito.

  • Laboratorio:
  • Gestión:
  • Planificación
Sigue leyendo «3. El Ser ávido.»
Conceptos y definiciones, Economía, Finanzas

2. Ahorrar, un mito.

2. El Contexto

a. Cuando la conciencia no existe o no se hace acción, con el tiempo, las intenciones de las vinculaciones contextuales o sociales, se imponen. «Nos arrastra la corriente», lo explica más fácilmente. «Nos dejamos llevar», por las presiones del sistema, o sea, de lo que el contexto necesita de nosotros y pasamos por alto nuestras posibilidades y necesidades reales.

Este mecanismo causado por deficiencias en el proceso de concientización de cada individuo es tan poderoso que, podríamos decir, define destinos de naciones enteras. Socialmente, los diseños y destinos de los diferentes grupos sociales, dependen de este estado de concientización individual de sus miembros. Es, en sí, lo definitorio de pertenecer o no pertenecer a los niveles sociales y a la contención psíquica, cultural y trascendente que define a cada grupo.

b. La frustración que se produce en un SerH al crecer y percibir que sus posibilidades sociales están determinadas por su origen en función de un sistema social que no controla, es lapidaria para toda su vida y, si no logra ver otro horizonte, es definitiva y hasta heredable.

Pero no es definitivamente así. La conciencia y la expansión de los estados de conciencia, nos dan la posibilidad de aprender a superar cualquier sistema por definitivo y cerrado que sea. Estar atento a las posibilidades y necesidades de la sociedad en que vivimos, del otro, es la riqueza que nos abre caminos insospechados, más allá de aquello que el mismo «sistema» puede cerrar. Ese salto cuántico que hacemos cuando somos concientes de nosotros mismos y de nuestros vínculos con la sociedad, nos lleva, podríamos decir casi automáticamente, a encontrar oportunidades que trascienden lo determinista, lo «ya escrito», el destino personal del individuo.

c. Pero, escuchamos por ahí, «no todos podemos triunfar», no todos podemos tener éxito al mismo tiempo. Es cierto ésto, pero es cierto si lo miramos desde un punto de vista de «suma cero», de pensar que lo que yo gano, lo gano porque otro lo pierde. Pero hay otra forma de ver las cosas.

El desarrollo de las sociedades conscientes se manifiesta con oportunidades para todos, -y no para todos por igual, porque sino no serían oportunidades-, sino para todos y cada uno en su individualidad, y en su estado de conciencia. La trascendencia -algo parecido al éxito del que hablábamos en el párrafo anterior- es un estado de conciencia que nos permite a cada uno de nosotros plasmar todas las potencialidades que tenemos en beneficio de la sociedad en que vivimos y por consecuencia y en última instancia, en beneficio propio.

En las próximas entradas:

  • Las alternativas. ¿Hay alternativas? ¿Hay otros caminos para tomar?
  • Decidir. La acción de cada día decide. ¿Hacia donde va mí minuto a minuto? ¿Tengo un plan y un rumbo pensados?
  • Contención en mí. ¿Mis planes me contienen? ¿Mis rumbos, me dan esperanzas y certezas?
Conceptos y definiciones, Economía, Finanzas

1. Ahorrar, un mito.

1. La Culpa

a. Muy frecuentemente hay preguntas que merecen una respuesta como «sí y no». Y la sensación es que la pregunta no está respondida, y que la persona que responde no tiene la intención de hacerlo. Esta es la situación que tenemos cuando, por ejemplo, preguntamos: ¿Es culpa mía no poder ahorrar y tener problemas de tipo económico financiero? Pero analicemos esta pregunta desde los dos puntos de vista, desde la visión e intención del que la plantea, y desde la visión del que la responde. ¿Para qué? Para aprender y comprender las distintas facetas de esa situación.

Desde el punto de vista de la persona que plantea esta pregunta. Observemos que, si se plantea de esta forma es porque hay una conciencia latente de que es necesario ahorrar y que sería por lo menos bueno, lograrlo en alguna medida. También, si está preguntando por una culpa desencadenante hay conciencia de una causa y también hay conciencia de que debemos buscarla para intentar solucionar la situación.

Desde el punto de vista del que debe contestar esta pregunta veamos que debemos interpretar la o las ideas desencadenantes según la persona que la hace, su situación y contexto. Como así también darse cuanta los distintos actores y momentos que hacen que la respuesta pueda ser, justificada y bien intencionadamente, un «si y no».

b. ¿Es culpa mía no poder ahorrar y tener problemas de tipo económico financiero?

Sí. Porque estamos hablando de tus decisiones de vida, de lo que has hecho con tu capacidad y con tu producción. Y, ésto es lo que, mentalmente, te posibilita tomar las riendas del tema y solucionarlo. Las consecuencias del problema te acosan, te llegan de una manera incómoda y estresante, entonces es mejor que asumamos que el problema existe y que debo salir de esa situación.

No. Porque el sistema económico que nos incluye está diseñado de esa forma. No identificamos de quién es la culpa específicamente, pero indudablemente las formas que toma casi «automáticamente» la economía por estás geografías, se acomoda para que tu poder de ahorro sea fácticamente nulo, o muy pequeño.

c. El sistema económico que nos abarca, está planteado. Mis decisiones dentro de él han sido las que me llevaron hasta aquí. El paradigma que nos contiene tiene sus limitaciones y las impone drásticamente. Es muy bueno que tengamos conciencia de ello. Es el único primer paso que nos va a permitir buscar una solución, buscar los límites del paradigma, identificarlos para luego, mentalmente saltarlos y poder buscar un nuevo paradigma que nos dé otras posibilidades, otros horizontes.

Mí sociedad, yo no!!!

En las próximas entradas:

  • El contexto. Reconozcamos los factores contextuales que me llevan a que el ahorro y el desarrollo sea un mito.
  • Las alternativas. ¿Hay alternativas? ¿Hay otros caminos para tomar?
  • Decidir. No solo decidir es la solución, hay que mantener y establecer.
Conceptos y definiciones, Economía, Finanzas

Ahorrar, un mito.

Introducción

Hablar de economía es entrar en una selva oscura, cerrada, para no saber cómo, cuándo, ni por dónde salir. La macro o la microeconomía, los tratados, los clásicos, y todo lo que a economía y finanzas se refiere nos abarca, nos presiona y nos duele cada día. El trabajo, el stress, las deudas y las ganancias, lo familiar, el status social, el transcurrir de la vida está marcado por lo económico. Nadie se salva, nadie se puede mantener al margen, nadie lo asume pero tampoco nadie lo puede sortear, soslayar, o dejar de lado. Desde este lugar, tan marginal y recóndito, desde un lugar de opinión, que quiere ser un aporte al vivir nuestro de cada día, creo que necesitamos hablar de economía. Mí lugar, tu lugar quizás, pero desde el lugar que nos toca todos los días, a cada hora y en cada punto donde existe un serh en esta nación.

Siempre he sido y soy optimista, pensado que mí situación económica, que mis ingresos y los productos de esos ingresos pueden mejorar. Son un problema actual, pero pueden mejorar. Pero, cada paso en positivo, cada situación de mejora, tuvo siempre una «compensación», una vuelta atrás que hizo que esa sensación constante y persistente de insatisfacción económica, vuelva a instalarse y vuelva a empezar este angustiante ciclo.

¿Este es el motor de mi trabajo, de mi desarrollo, de mi vida? ¿Esto es lo que quiero que me ocurra hasta la hora de mí descanso? ¿Esta es la vida que quiero dejarles a mis hijos? No, no es así. No es ésto. ¿Y entonces? ¿Hago mal en mezclar en un escrito, que quizás pocos lean, economía y sentimientos? ¿Son incompatibles las mezclas de las emociones con las finanzas, los mercados y las monedas?

Es la hora, creo. Es el momento que, debemos pensar, analizar y decidir sobre estos temas en conjunto. No podemos más soslayar lo personal, lo emocional a lo económico. Toda economía debe servir al individuo, y una forma de empezar es pensarlo en conjunto, concebir la economía como algo social, como una herramienta de búsqueda de momentos felices y plenos. Es la forma de jerarquizar la vida, los sentimientos y las emociones, las relaciones personales, las intenciones más profundas por sobre todo lo material, por sobre todo lo económico, sobre todo lo transaccional.

No es un trabajo fácil. No es inmediato. No estamos educados ni preparados para ello, todo lo contrario. Pero es la hora, debemos hacerlo, debemos aprenderlo y luego poder transmitirlo. Mutar hacia nuevas formas que garanticen la preeminencia de mis sentimientos y emociones, de mis artes, por sobre mis producciones, mis economías y mis especulaciones. Hacia ahí vamos.

En las próximas entradas:

  • La culpa. ¿Qué hago yo para que el ahorro sea un mito, una ilusión?
  • El contexto. Reconozcamos los factores contextuales que me llevan a que el ahorro y el desarrollo sea un mito.
  • Las alternativas. ¿Hay alternativas? ¿Hay otros caminos para tomar?