Conceptos y definiciones, educación, familia, Métodos, Sistemas sociales, Tejido Social, Trabajo

Desde el Aula hasta la IA

Introducción

¿Hay una nueva forma de aprender? Hoy en día, la palabra «aprender» no ofrece una conceptualización completa. Han cambiado las realidades que generan aprendizaje. La proliferación de los medios de comunicación, sus canales, sus emisores y sus contenidos han creado en la vida de cada individuo actual un constante recibir y emitir contenidos de todo tipo.

Lo que nos lleva a otras dos preguntas: ¿Qué deseas aprender? ¿Para qué deseas aprender? Junto con éstas dos preguntas completamos la terna inicial que puede desembocar en una respuesta a nuestra inquietud inicial y a la pregunta: ¿Cómo lo deseas aprender?

  • ¿Qué deseas aprender?
  • ¿Para qué lo deseas aprender?
  • ¿Cómo lo deseas aprender?

Y, en este caso, planteadas estas tres patas del «aprender», podemos decir que sí, hay una nueva forma de aprender que nos lleva, más rápidamente, a algunos «para qué» muy frecuentes en nuestro tiempo.

Cómo ejemplo disparador de esta publicación les tengo que contar que, hace unos días, hablando con un analista de sistemas y programador, le pregunto sobre qué piensa sobre la Inteligencia Artificial y los ChatGPT y me contesta de esta forma: «Me ahorra miles de horas de estudio e investigación en mi trabajo».

Esto me hace reflexionar sobre cómo hemos aprendido nosotros, cuánto hemos aprendido en el sistema formal de aprendizaje, cuánto hemos incorporado en nuestra vida familiar y en nuestro quehacer diario, y cómo y cuánto de ello usamos a diario con resultados que realmente deseamos y nos hacen vivir mejor.

La «eficacia» de lo aprendido de esta forma, de la forma que podríamos llamar «tradicional» es, por lo menos, de mediana a baja. ¿Es esencial? Sí, es esencial para el ser, su conciencia y su desarrollo social, pero el método y sus tiempos son ineficientes y poco productivos.

Por ello, a mi entender, tenemos juventudes más dedicadas y atraídas por las redes que por sus estudios formales.

En próximas entradas:
  • Lo importante es lo que llega.
  • Académico o Experiencial.
  • Renuncia como actitud.
  • ¿El Conocimiento es patrimonio?
  • Estructuras de Conocimientos
  • Las búsquedas
  • Inspiración Social
Conceptos y definiciones, Economía, Tejido Social

3. El Ser ávido.

3. La Avidez de los Otros

a. La avidez, esa falta de equilibrio entre el consumo y la producción, es por lo general, evidente en otras personas antes que en uno mismo. Cada individuo, puede darse cuenta de su propia avidez luego de haber sufrido la avidez ajena. Y esto es consecuencia de los mecanismos que la sociedad a desarrollado para enseñarnos a producir. La moneda, el mercado y la economía son ejemplos de ello. Vemos a esta forma de plantear la producción y sus sistemas representativos como «Juegos de suma cero». O sea que vemos estos esquemas como sistemas en donde las cantidades que pierde un jugador son las cantidades que gana el otro, o los otros jugadores.

En este punto, no podemos dejar de tener en cuenta, un ingrediente importantísimo: Los riesgos. Así como hemos hecho el ejercicio de «humanizar» el consumo y la producción, explicitado sus influencias sobre las emociones, los sentimientos y las relaciones humanas, así debemos «humanizar» las pérdidas, los duelos que traen aparejados la economía y la medición de sus probabilidades: Los riesgos.

También la moneda tiene otra cara. La producción tiene «riesgos» pero también tiene «arte». Aquello que hacemos distinto y mejor, aquello que la magia de la casualidad nos otorga, aquello que descubrimos solo nosotros con el razonamiento más elevado de nuestro follaje lógico. Eso es el arte de nuestra producción. Es el estilo que nos distingue y nos hace únicos y valiosos.

Entonces, al «humanizar» en nuestra conciencia, aquellos sistemas que involucran a la producción y al consumo, al incorporar los conceptos de «riesgo» y de «arte» nos damos cuenta que ya NO pueden crecer en nuestra conciencia como «juegos de suma cero», ya no responden solamente a una matemática económica y financiera, sino a reglas y paradigmas mucho más amplios y diversos que debemos estudiar y analizar como tales.

b. Nuestra producción nos da recursos que nosotros destinamos a distintos objetivos y fines. El primer fin y el objetivo natural es el consumo, tanto mío individual como el de aquellas personas que están bajo nuestra responsabilidad. Pero luego, esto nos enseña que el tener recursos disponibles nos da poder.

Es natural que el disponer de los recursos que otra persona necesita para vivir, nos dé una sensación de poder. También es natural, que al tener más recursos disponibles esa sensación de poder aumente. Eso es natural, pero no es lógico, ni tampoco es una sensación que transformada en acción sea responsable. Y esto, se evidencia en distintas formas, en los sucesivos tramos de la vida productiva de una persona.

c. Esta desvinculación de cierta parte de los recursos del sistema productivo que hacemos para sentirnos poderosos es un hábito más común de lo que suponemos. En general, siempre tiene un justificativo matemáticamente lógico, pero desatiende a la «humanización» del sistema económico.

Por ello es muy necesaria la conciencia de todos nosotros de esta situación. Es un concepto de una gran sutileza, encubierto socialmente en los derechos de la persona, pero en la conciencia de cada emprendedor está oculto sin explicación y sin evidencia y luego al llegar a la concresión de sus proyectos eso aflora como una gran emoción, una gran satisfacción que no pasa por la lógica, no pasa por la mente y este paso, esta concientización, es necesaria socialmente. Nuestros contemporáneos la necesitan, la consagran, la disfrutan y adoptan, sólo si la sabemos exponer, contagiar y trascender. Y lo primero es llevarla a la conciencia. Ese es el comienzo del éxito.

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