La solución desde los gobiernos no va a venir. ¿Por qué? Porqué sería carísimo para toda la sociedad activa, y formal. Y eso haría que la democracia lo discontinúe.
¿Entonces?
La solución está desde lo particular, como lo ha sido siempre. Pero ahora, debemos aprender todosnosotros a prevenir ésto desde la más temprana edad posible. Y si fuera tarde, con más razón, porque el conocimiento, y esa intuición que tenemos, nos ayudará a ir más rápido y mejor.
Estás en el lugar correcto. IS está diseñada para solucionar este problema tan importante.
Aquí compartiremos los aprendizajes de cada uno de nosotros con respecto a este tema y avanzaremos hacia esa magia colaborativa que nos saque de éstas situaciones.
Este post, encierra una dicotomía de posiciones que, a mí entender, debe ser un continuo, un proceso que nos lleve a la tan publicitada movilidad social. Eso sí, sin la intervención del Estado, y menos de la política. La educación debería estar centrada en ello.
Es interesante tanto su contenido como los comentarios que suscita. Te invito a leerlo.
Cuando tenías cinco años, ¿qué querías ser de mayor?
Cuando tenía cinco años no sabía muy bien qué y cómo era ser mayor. En esos años nuestros padres, -por lo menos los míos- a pesar de que se dedicaban mucho a mí, yo no los veía trabajar como suele suceder ahora. Trabajaban fuera de casa en su ocupación, llamémosle laboral, y en casa en las tareas de la casa.
Al ir creciendo, se hacía más accesible, una visión de cómo era trabajar de lo que nuestros padres hacían. El anhelo «invisible» era ser un profesional. También, y en mi casa, quizás en otras no, era bien visto ser emprendedor y luego trabajador independiente, comerciante, profesional o industrial.
¿Qué quería ser? Quizás, en aquellos años, quería ser como mis padres, amorosos conmigo pero muy responsables y trabajadores detrás de los objetivos antes mencionados.
Pero, ¿para qué describir ésto y lo que sigue? Nuestra experiencia en primera persona ya es pasado. La realidad socio-cultural y laboral o económica ha cambiado mucho. Hay otras oportunidades y también otros riesgos. Y ahora, ya no somos hijos en desarrollo, somos padres, madres o quizás también, abuelos.
¿Qué quieren ser los niños actuales de cinco años? Esa es nuestra oportunidad hoy en día. Ese es nuestro gran desafío, y debe ser nuestro interés. ¿Qué se parezcan a nosotros, y hagan lo qué nosotros hacemos? Posiblemente, pero no necesariamente, quizás, sea interesante o atractivo para ellos, pero ¿será lo más conveniente? Me animaría a decir que muy probablemente no sea así.
Todo niño tiene virtudes que descubrir, fortalezas que desarrollar y también tiempo y energías. Eso, para mí, es mágico y apasionante. Ese don de ser niño, con todos los potenciales a disposición debe ser, a mí entender, el mayor punto de atención, investigación y acción que ocupe a una sociedad inteligente, a una cultura proactiva y empática con su entorno y su desarrollo.
Les dejo algunas preguntas para los comentarios que tanto me gusta leer, para entender cuan equivocado o quizás acertado estoy.
¿A los cinco años, cuál era tu juego preferido, y como fueron mutando tus intereses al pasar los años y las etapas de tu vida?
¿Cómo, un niño de hoy en día, desarrolla sus intereses y gustos? ¿Con que herramientas enfrenta sus desafíos y angustias?
¿Qué podemos hacer para que el futuro sea, cómo ellos -los niños de hoy- lo necesitan e imaginan?
“Si tú tienes un pan y yo un euro, y yo uso mi euro para comprar tu pan, al final del intercambio tendré el pan y tú el euro. Parece un equilibrio perfecto, ¿no? A tiene un euro, B tiene un pan, luego, A tiene el pan y B el euro. Es una transacción justa, pero meramente material.
Ahora, imagina que tienes un soneto de Verlaine o conoces el teorema de Pitágoras, y yo no tengo nada. Si me enseñas, al final de este intercambio, habré aprendido el soneto y el teorema, pero aún así los tendrás también. En este caso, no sólo hay equilibrio, sino crecimiento.
Primero tuvimos un comercio en el segundo compartimos conocimientos. Y mientras los bienes se consumen, la cultura se expande infinitamente.”
Michel Serres, filósofo francés – 1/09/1930 – 1/06/2019
Conclusión:
Las relaciones interpersonales en el individuo evolucionan a partir del «uso de la razón». Primero son -por necesidad- netamente «Transaccionales» cómo el pan y el euro, yo te doy sólo si tú me das algo que me interese más que aquello que yo te doy.
Luego, y a medida que las necesidades se subliman, aparecen las relaciones «Vocacionales«, que son aquellas en las cuales ponemos la voluntad y algo de pasión o vocación. Estas relaciones son más duraderas y constructivas.
Y hay relaciones que van más allá de estos dos tipos, y que requieren un entrenamiento y poder trascender los otros dos tipos de manera constante. Estas son la relaciones «Amorosas«.
En busca del entrenamiento necesario para Ser aún después de la vida.
¡He descubierto un nuevo color! Un color que brilla aún sin luz, es nuevo, no se ha visto jamás.
¿Y qué nombre le pondrás?
No sé aún. Tampoco sé cómo explicarte lo hermoso que es. Me recuerda al mar, pero también al aire… al aire que existe entre el sol y yo.
¡Ahhh! ¡Entonces es el color del sol!
No. No has percibido el olor del aire cuando el sol lo seca y lo ilumina.
¿El «olor» has dicho?
Sí. El olor del aire. De aire de mar, de aire de río, de aire de montaña… los has visto? Son distintos, ¿no? Tienen distintos sabor.
¡Sí, es cierto! Pero me confundes. ¿Sabor?
Sí, sabor. Sabores que encuentras en el mar, en el río o en la montaña. Son distintos. Te acarician de diferentes formas, de diferentes maneras. Más profundo, más suave, sin tocar.
¡Ahhh! ¡Te refieres al tacto!
Claro. No podría descubrir un nuevo color sin haberlo vivido. ¿Qué significado tendría sino, la palabra vivir?
La «O» es una idea que surge y se gesta, hace largo tiempo. Cuando era niño, todos los fines de semana, a las 19hs del viernes subía con mi madre en Retiro a «El Tucumano» para ir a Rosario donde estaban mis abuelos. Durante 4 horas y cuarto, miraba por la ventanilla curioso de las realidades sociales que pasaban frente a mis ojos. Más tarde, de adolescente incipiente, la ruta que une a Buenos Aires, -La Capital en aquel entonces- con General Pico, La Pampa, era recorrida en auto, no menos que quincenalmente con mi padre en aquellas rutas no asfaltadas en su totalidad aún, para cumplir con su trabajo y mi estudio secundario. Luego, al llegar la hora de elegir mi profesión, la carrera de Ingeniero Industrial sólo existía en Buenos Aires y en Tucumán, lo que hizo que mi «O» se cierre en ese triángulo: Rosario, General Pico, Buenos Aires.
Pero eso no fué todo, ni mucho menos. Mi padre, siempre repetía: «cómo, teniendo un país tan hermoso y rico como la Argentina, vamos a ir a conocer otros países extranjeros antes que el nuestro». Por lo que, todas las oportunidades tanto por vacaciones o por trabajo, fueron aprovechadas para conocer las distintas provincias, ciudades y curiosidades geográficas y culturales que la Argentina obsequia. A mis 18 años, mis padres accedieron a que viajara por primera vez a Europa, pero ello ocurrió habiendo conocido todas las provincias de mi país y muchas de las ciudades y culturas de cada una de ellas.
Ya como profesional, trabajé en diferentes industrias lo que me proporcionó una experiencia que con el tiempo se transformó en un «servicio de asesoría en procesos productivos» lo cuál me llevaba a recorrer industrias estudiando sus procesos, su logística y sobre todo su cultura laboral. Esa experiencia fué lo que cerró la idea de que la Argentina necesita una «O» como infraestructura logística, de gestión social, y energética.
Cuando los niños van a la escuela, encuentran la «preparación para el trabajo» y les enseñamos a relacionarse con la vida de una forma «transaccional». Es necesario.
Luego, al buscar una carrera, una profesión, un oficio, les proponemos una relación «vocacional» con la vida. Es conveniente.
Al final -o al principio- no se sabe, cuando el individuo ha hecho pie con la supervivencia, busca entonces una relación «amorosa» o «artística» con la vida. Esto es imprescindible.
¿Entonces, por qué no empezar y sostener esta forma de relacionarse con la vida en todo el trayecto?
La historia del trabajo ha creado nuestra sociedad actual. La política, la moneda, las naciones, la economía, la especialización, la tecnología, casi todo ha sido concebido a través de las épocas y las circunstancias que ha atravesado la historia del trabajo. Esto ha sido literalmente un trabajo abismal.
Hoy, por suerte, lo podemos ver y relatar así. Un trabajo abismal es aquel que por su gran magnitud, por su inmensa importancia nos permite separarnos, tomar conciencia, verlo en perspectiva y reflexionar. Pararnos al borde del abismo y tomar dimensión de una realidad, nos da la posibilidad de análisis del paradigma en el que estamos viviendo, de sus reglas, de sus límites y de los límites de sus posibilidades. Nos da la oportunidad de imaginar cambios y nuevas reglas, nuevas posibilidades que la realidad nos ofrece pero que no hemos sabido abordar aún.
¿Es natural trabajar? ¿Es necesario o indispensable?
¿Si no es remunerado no es trabajo?
¿Cuál es el principio básico de la productividad de tu trabajo actual?
¿Cuál es la diferencia entre la rutina y el método?
¿Cuál es la relación entre trabajo, rol social, pertenencia y sociedad?
¿De que se trata la «cultura del trabajo»?
¿Cuánto influyen todos éstos conceptos en nuestra vida diaria?
¿Cuánto de lo que cada uno de nosotros piensa o sabe al respecto, se tiene en cuenta para el diseño de nuestras leyes, de nuestras fuentes de trabajo, de nuestras sociedades en definitiva?
¿La percepción que cada uno tiene del trabajo, de su trabajo, es transitoria, cambiante, evolutiva? ¿Temporal? ¿Cuánto tiene de definitiva?
¿Cuántos temas y matices convergentes encontraremos que nos velan el concepto de Trabajo? Y que también complican las elecciones a la hora de trabajar. Nos llevan a una dinámica irreflexiva, automática, cómoda pero a su vez angustiante y desesperanzadora, indigna.
El SerH evoluciona desde el trabajo de subsistencia que implica voluntad y esfuerzo, y significa su dignidad, hacia su trabajo artístico que implica comunicación e inspiracion y crea su trascendencia en unión con todo lo demás. En el medio, en las estaciones de ese proceso, podemos descubrir estados evolutivos que son la vida, el desarrollo, su desenvolvimiento.
Por ello y a los fines didácticos y prácticos es conveniente pensar el trabajo personal en tres planos coexistentes y en evolución en cada individuo:
El Trabajo de Subsistencia
El Trabajo Vocacional
El Trabajo Artístico
Esto nos permite definirnos, definir nuestros gustos y emociones respecto de lo que hacemos e ir viendo el valor íntimo y personal que tiene dar nuestro Trabajo.