Conceptos y definiciones, Métodos, opiniones

It’s depends

If you started a sports team, what would the colors and mascot be?

¿Cuántas veces condicionamos nuestras decisiones a lo que pensamos que el contexto nos va a pedir?¿Es eso una falta de libertad mental?¿Es esta la mejor excusa para procastinar?

Cuándo el requerimiento de decisión y/o acción, -en este caso la pregunta-, no contiene ciertas condiciones que son precisas para seguir adelante, entonces hay dos alternativas:

1) Repregunto lo que supongo que falta decidir, por ejemplo:

  • ¿De qué deporte estás preguntando?
  • ¿En qué país yo estaría empezando mi equipo?
  • ¿Por qué yo debería determinar los colores del equipo y la mascota?

2) Decido y condiciono (o no) la respuesta a las decisiones tomadas. Por ejemplo:

  • Crearía un equipo de voley si tuviera la oportunidad de ingresarlo al torneo de las Américas.
  • Un equipo de Rugby de camiseta celeste y gris, con un gorrión de mascota, si no hay otro equipo de características similares.
  • Un equipo de fútbol 5 sin dependencia de ningún club, ni asociación que juegue como espectáculo, con otros clubes formales y con jugadores invitados para mejorar y crear un mejor show.

Por lo tanto, lleguemos a alguna conclusión sólo para «aprovechar» este momento de lectura, esta experiencia:

  • La persona excesivamente analítica, puede que gane tiempo y esfuerzo, pero, a veces, pierde libertades.
  • Los requerimientos pueden estar incluidos o no, pero esto puede ser intencional, o no. Es necesaria algo de intuición y experiencia para leer el contexto y actuar de manera libre (o quizás correcta).
  • ¿Tu conclusión? (En los comentarios, por favor)
Conceptos y definiciones, educación, opiniones, Sistemas sociales, Tejido Social, Trabajo

La Calificación y el Mérito

Ciertamente, la palabra «calificación» en éstos tiempos no goza de muy buena salud. Quizás no por ella misma, sino por su palabra hermana la «descalificación» que es tan usada y ejercida en las sociedades actuales. No muy lejos está, su prima mayor, la palabra «mérito» que hace alusión a las sucesivas calificaciones obtenidas de una forma o de otra, ante la sociedad en que vivimos.

Ya no tenemos entre nosotros «personas meritorias» o «autoridades calificadas para…» y eso nos dá como una especie de autorización para no ser, ni siquiera intentar ser una de ellas. Es como, que reconocer que otra persona es calificada, o meritoria en algo nos pone en una posición de comprador compulsivo e irracional de ese reconocimiento que hemos hecho y nos expone de manera negativa.

Un contra-ejemplo de ésto, ocurre en el deporte, en el fútbol por ejemplo. ¿Qué es sino, la tabla de posiciones de un determinado torneo? Una calificación detallada de la trayectoria de cada Club, buscando reflejar los méritos de cada Club para llegar a ser el campeón del torneo.

Por lo tanto, y a la vista está, la sociedad necesita de la calificación y de la registración o memoria del mérito. Sino cómo confiaríamos en el médico, en el mecánico del auto, o en el gasista matriculado al hacer nuestra elección.

Y no por ser más joven o una persona de más edad, necesitamos menos -en el caso del joven- o más -en el caso de la persona de mayor edad-. Veamos sino, los juegos que los jóvenes frecuentan en sus celulares. ¿Cuál es la principal motivación por la cual un joven se pasa horas jugando contra unos y otros, y tratando de calificar mejor, para tener más «beneficios» y «concesiones» a la hora de enfrentarse y medirse con el otro.

Reivindiquemos estos conceptos en nuestras mentes. Quizás con éstas mismas palabras o quizás con otras como «rankeado» o «posicionarse» o «trayectoria» pero reconociendo que es necesario calificar para conocer, saber de los méritos de uno y otro, para elegir y recorrer así nuestra vida de relación más firmemente y no tan a ciegas, tan aleatoriamente.

opiniones, Renuncia, Sistemas sociales, Tejido Social

La Ley del Océano

¿Qué es la Ley del Océano?

¿Sabemos cuán costosa es nuestra libertad? ¿Pero nuestra libertad incluye nuestra individualidad? Y nuestros lazos sociales, ¿Qué papel cumplen en nuestra vida anheladamente libre?

Si recurrimos a un ejemplo, a una metáfora, nos dará luz al tema, pero luego de plantear los postulados de esa figura, habrá que desenredar, desandar el ejemplo.

La gota. Ese es nuestro ejemplo. Su contexto: El Océano. Hemos definido, al tomar este ejemplo, una individualidad -la gota- perteneciente a un todo -el océano-. Ahora generemos las ideas análogas de las cualidades que nos preocupan: Lazos sociales y libertad.

Sigamos buscando nuestras respuestas. Las analogías nos ayudan, pero las respuestas son individuales, de cada ser, de cada gota…


“Dicen que antes de entrar en el mar, EL RIO tiembla de miedo , mira para atrás, para todo el día recorrido, para las cumbres y las montañas, para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y vé hacia adelante un océano tan extenso, que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre. Pero no existe otra manera. El río no puede volver. Nadie puede volver. Volver es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar al océano. Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá, porque apenas en ese momento, sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino volverse océano.”

Khalil Gilbran

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5. El Ser ávido.

5. Las Clases Dirigentes

¿Quién es dirigente en esta sociedad? ¿Vivimos en sociedades desconsoladas por sus dirigentes? ¿El poder desequilibra la avidez?

a. Hemos dicho que el serh produce para su propio consumo, como mínimo, y para el consumo de las personas cuyo consumo depende de su producción. Este es un esquema individual simplificado, pero a nivel sistémico u organizacional varía el esquema gracias al modo de trabajo y a la especialización del conocimiento y de la producción individual. De estas diferencias y cualidades deberían surgir las personas más adecuadas para ser dirigentes, pero, no siempre ocurre así. De todos modos, el dirigente es aquel que dirige, que lleva el timón para llevar el colectivo que representa hacia mejores destinos para todos. Ese es un trabajo de interpretación del colectivo, elección de rumbos y estrategias, y un estilo de conducción inspirado y convincente. Estas tres condiciones son indispensables, las tres. Por eso, el dirigente es dirigente, no hay atenuantes.

Los sistemas que hemos creado para definir quiénes son los dirigentes de cada grupo social presentan serias deficiencias. ¿Concuerdas con ésto? ¿Son eficientes en este objetivo y conceptualización? Si lo logran inicialmente, ¿garantizan la continuidad en las cualidades necesarias?

b. El sistema laboral está polarizado. O sea, aquel mecanismo social al que debemos recurrir primariamente para producir nuestro consumo, está agrietado, polarizado y por consecuencia de estas tensiones, fatigado. Sus mejores características productivas están gastadas, desactivadas y deficientes. Y ésto es lo que hace que ser dirigente de una forma proactiva y sinérgica sea casi imposible.

Las organizaciones de cualquier tipo están concebidas por «las reglas del juego», las leyes, jurisprudencias y costumbres, se ven como «juegos de suma cero». Para que un jugador -cualquiera sea su posición- pueda ganar más y mejor, otro u otros jugadores opuestos deben ganar menos y en la misma medida. Esta situación, más o menos crítica en cada región, en cada país, es la que nos llevó y nos sigue llevando a la creciente «deshumanización» de la producción y el consumo. Y, por ello, la economía pasa a ser el motor desalentador, recesivo y desnaturalizado de la vida cotidiana del serh. Los dirigentes, aquellos seres que asumen la historia y autoría de estas «reglas del juego» de las que hablamos, y de su ejecución y cumplimiento son tanto víctimas como victimarios de la deshumanización, y esa imágen está cada vez más presente en nuestras conciencias y en nuestras vidas.

Es necesario repensar y reformular muchas de estas reglas del juego. Pero, ¿quién puede hacerlo? El mismo sistema autoriza o desautoriza los miembros adecuados para ello, y por lo tanto quien tiene el poder para hacerlo es el mismo sistema, sus dirigentes. Este procedimiento cerrado y recursivo en sí mismo nos inmoviliza, nos retiene, nos frustra.

c. La idea originaria que diseña un sistema responde a una necesidad social con un objetivo funcional. Ese diseño original luego evolucionará y se adaptará a las dinámicas sociales, pero esto no es independiente de las personas que dirigen y lideran esos sistemas, y debería serlo. Ahora, ¿quién con más autoridad que los dirigentes puede observar, criticar y cambiar el sistema? La respuesta es: todo el colectivo social involucrado. Y esto por ahora es una entelequia, una idea que no hemos implementado, una sensación social que no sabemos aún como resolverla. ¿Cómo un colectivo social puede cambiar y resolver sus mecanismos de funcionamiento y elección de sus dirigentes sin la preponderancia de las opiniones de sus propios dirigentes?

Uno de los principios funcionales de la sociedad en su conjunto que ha evolucionado enormemente en las últimas décadas ha sido la comunicación. La relación entre las personas ha tomado predominancia sobre la individualidad. Así, hoy en día, los colectivos sociales toman los protagonismos que en otras épocas tomaban las individualidades llamadas líderes. Y¿cómo lo hacen? por medio de la comunicación.

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