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7. El Ser ávido.

7. La Eternidad no Manifiesta

¿Para qué, cómo y por qué vivir?¿Para qué, cómo y por qué traer nuevas vidas a esta vida? ¿Para qué, cómo y por qué morir?

a. No todo pasa por nosotros mismos. Hay formas, conceptos, realidades que nos contienen, que las constituimos, pero que fueron, son y serán más allá de nosotros. Pero, si bien no somos protagonistas indispensables, las hacemos, influímos sobre ellas y hasta, con algo de esfuerzo, podemos variar su rumbo y su devenir.

Así es la vida. Venimos como hijos, dependiendo de las decisiones de nuestros padres. Aceptamos casi sin saberlo, esa realidad parcial de «la Vida» y hacemos de ella «nuestra vida». Nos apoderamos de parte de esa realidad preexistente a nosotros y trabajamos en ella de la manera que nos parece mejor. A veces, generamos nuevas vidas a las que les va a ocurrir algo similar a lo que estamos diciendo, y luego, no sabemos cuando, dejamos «nuestra vida», para que siga «la Vida», como pueda, con la proyección que le hemos dado con nuestro trabajo, con nuestras nuevas vidas, con nuestras ideas, con nuestro paso. Entonces, ¿qué es nuestro y qué no lo es? ¿Cuál es el sentido de la posesión, de poseer, si en realidad nada tendremos? ¿Tiene razón de ser la Avidez del SerH?

b. Este panorama, esta forma que tiene la Vida, y que aveces llamamos devenir, tiene un impulsor, tiene un motor que en algunos momentos es circunstancial, y en otros momentos resurge demostrando que siempre estuvo ahí, que está escondido pero que ante la necesidad siempre aparece. Esto no es innato, no es casual, tampoco es dogmático, ni es artículo de fé, es, en todo caso, un misterio, una forma que tiene la eternidad, el devenir de manifestarse. La Avidez nos lo demuestra. Es una fuerza impulsora que en determinado momento de nuestras vidas necesitamos. Que luego al manejarla, al llevarla a la consciencia y medirla, debemos equilibrar. Y, que también, cuando su función esté hecha deberemos desechar en el justo tiempo y en la justa medida.

Las nuevas vidas que llegan a nuestras vidas son el fruto de esta eternidad que nos toca vivir y que está impulsada por estos misteriosos motores, entre los cuales está la avidez. Las nuevas vidas nos impulsan, nos equilibran, nos mantienen en movimiento. Nos complican, pero nos demuestran que somos parte de esa eternidad, de esta Vida que es mía, pero que puedo dar, que puedo ofrendar, que debo dedicar aún no habiendo lazos directos de sangre. Y, así evolucionamos, nos desenvolvemos, vamos creando de nuestra mente, de nuestro conocimiento y nuestras devociones un día a día increíble, inaccesible pero real, que nos lleva a ser una parte de la eternidad.

c. La conciencia nos llama. No siempre, no a todos, tampoco nunca. El estar atentos a su llamado es vivir, vivir conscientemente. Experimentar la Avidez es necesario, usarla es necesario, desecharla en su justo tiempo y medida, es indispensable. Pero para ello experimentemos, aprendamos y ofrendemos esa experiencia. De eso se trata la evolución. Con eso se accede a la eternidad. Es como, paulatinamente, con voluntad y esfuerzo, ir cambiando el signo de nuestra vida. En realidad, es ir cambiando el signo de nuestra muerte, siendo eterno hasta desaparecer, y después también.

Vivamos en el Amor y en la compañía de nuestra propia muerte. Vivamos conscientes de ella para poder ser parte de la eternidad. Para qué esa eternidad nos abarque, nos contenga, pero también seamos autores de esa eternidad.

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6. El Ser ávido.

6. Sociedades Trascendentes

¿Porqué, si los ciudadanos del mundo somos parecidos, hay sociedades que se desarrollan más que otras? ¿Esa diferencia es causada por sus dirigentes, su historia, su cultura o todo eso junto? ¿Debería haber alguna paridad de desarrollo entre las naciones?

a. La diversidad nos acosa en vez de brindarnos riquezas y oportunidades. Cuando una sociedad logra diferenciarse en sus conocimientos, en sus logros, en el desarrollo de su cultura, todavía, en muchos casos, toma esa diferencia como un arma para prevalecer sobre las otras sociedades y, en vez de brindar oportunidades, busca sacar provecho de esa diferencia.

b. Busquemos trascender las eras territoriales. Cuando, no todo estaba establecido territorialmente, los pueblos, que viniendo de una vida nómade, se establecian en un territorio determinado, basaban su cultura en un sentimiento de pertenencia geográfica, que generaba un lógico apego a esos territorios y a esos recursos. Ese apego, con el tiempo se fué transformando en un «apego crítico». Que queremos decir con ésto, que en las mentes de las personas cuyo apego territorial se transforma en crítico, perder su territorio, es perder su familia y hasta su vida, por lo que luchaban por su lugar y su cultura hasta morir.

Esto trae una conciencia en el hombre que le dice que, si su conocimiento es un conocimiento diferencial o superior a culturas vecinas, su seguridad territorial es mayor y la amenaza de tener que migrar o morir, es mucho menor. El impulso logrado fue excepcional, pero el sentido de ese desarrollo, no fué el mejor. Desarrollarse para diferenciarse, prevalecer y hasta, en algunos casos, someter, es un sentimiento que debemos corregir y sanar en nuestra conciencia y en nuestra mente ancestral.

c. Por suerte, esa pertenencia territorial, esa forma distinta de crecer según las circunstancias vividas y los recursos obtenidos de la geografía elegida, produce una diversidad cultural que es lo rico. Lo distinto es la oportunidad de otro conocimiento y de otra vivencia, otras emociones, otros sentimientos, otros gustos.

La sociedad que comprende esta oportunidad de ser diferentes y convivir en una complementariedad, las sociedades que han superado la etapa del apego crítico sin haber olvidado socialmente esa evolución, esa experiencia, esas sociedades son «sociedades trascendentes». Son y serán sociedades preparadas para vivir una eternidad evolutiva y equilibrada con su medio ambiente, su medio social y con el Todo.

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    • ¿Cuánto hace que vivo en este lugar?
    • ¿Cuánto me costaría sentimentalmente dejarlo?
    • ¿Ese cambio traería ….?
  • Gestión:
    • Revisar anualmente, cada fin de año, si estoy dispuesto a seguir viviendo en este lugar.
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    • Planificar viajes que me permitan conocer otros lugares en los cuales pueda vivir de forma permanente.
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5. El Ser ávido.

5. Las Clases Dirigentes

¿Quién es dirigente en esta sociedad? ¿Vivimos en sociedades desconsoladas por sus dirigentes? ¿El poder desequilibra la avidez?

a. Hemos dicho que el serh produce para su propio consumo, como mínimo, y para el consumo de las personas cuyo consumo depende de su producción. Este es un esquema individual simplificado, pero a nivel sistémico u organizacional varía el esquema gracias al modo de trabajo y a la especialización del conocimiento y de la producción individual. De estas diferencias y cualidades deberían surgir las personas más adecuadas para ser dirigentes, pero, no siempre ocurre así. De todos modos, el dirigente es aquel que dirige, que lleva el timón para llevar el colectivo que representa hacia mejores destinos para todos. Ese es un trabajo de interpretación del colectivo, elección de rumbos y estrategias, y un estilo de conducción inspirado y convincente. Estas tres condiciones son indispensables, las tres. Por eso, el dirigente es dirigente, no hay atenuantes.

Los sistemas que hemos creado para definir quiénes son los dirigentes de cada grupo social presentan serias deficiencias. ¿Concuerdas con ésto? ¿Son eficientes en este objetivo y conceptualización? Si lo logran inicialmente, ¿garantizan la continuidad en las cualidades necesarias?

b. El sistema laboral está polarizado. O sea, aquel mecanismo social al que debemos recurrir primariamente para producir nuestro consumo, está agrietado, polarizado y por consecuencia de estas tensiones, fatigado. Sus mejores características productivas están gastadas, desactivadas y deficientes. Y ésto es lo que hace que ser dirigente de una forma proactiva y sinérgica sea casi imposible.

Las organizaciones de cualquier tipo están concebidas por «las reglas del juego», las leyes, jurisprudencias y costumbres, se ven como «juegos de suma cero». Para que un jugador -cualquiera sea su posición- pueda ganar más y mejor, otro u otros jugadores opuestos deben ganar menos y en la misma medida. Esta situación, más o menos crítica en cada región, en cada país, es la que nos llevó y nos sigue llevando a la creciente «deshumanización» de la producción y el consumo. Y, por ello, la economía pasa a ser el motor desalentador, recesivo y desnaturalizado de la vida cotidiana del serh. Los dirigentes, aquellos seres que asumen la historia y autoría de estas «reglas del juego» de las que hablamos, y de su ejecución y cumplimiento son tanto víctimas como victimarios de la deshumanización, y esa imágen está cada vez más presente en nuestras conciencias y en nuestras vidas.

Es necesario repensar y reformular muchas de estas reglas del juego. Pero, ¿quién puede hacerlo? El mismo sistema autoriza o desautoriza los miembros adecuados para ello, y por lo tanto quien tiene el poder para hacerlo es el mismo sistema, sus dirigentes. Este procedimiento cerrado y recursivo en sí mismo nos inmoviliza, nos retiene, nos frustra.

c. La idea originaria que diseña un sistema responde a una necesidad social con un objetivo funcional. Ese diseño original luego evolucionará y se adaptará a las dinámicas sociales, pero esto no es independiente de las personas que dirigen y lideran esos sistemas, y debería serlo. Ahora, ¿quién con más autoridad que los dirigentes puede observar, criticar y cambiar el sistema? La respuesta es: todo el colectivo social involucrado. Y esto por ahora es una entelequia, una idea que no hemos implementado, una sensación social que no sabemos aún como resolverla. ¿Cómo un colectivo social puede cambiar y resolver sus mecanismos de funcionamiento y elección de sus dirigentes sin la preponderancia de las opiniones de sus propios dirigentes?

Uno de los principios funcionales de la sociedad en su conjunto que ha evolucionado enormemente en las últimas décadas ha sido la comunicación. La relación entre las personas ha tomado predominancia sobre la individualidad. Así, hoy en día, los colectivos sociales toman los protagonismos que en otras épocas tomaban las individualidades llamadas líderes. Y¿cómo lo hacen? por medio de la comunicación.

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4. El Ser ávido.

4. Superar o Trascender

a. Hemos recorrido la avidez del serh proponiendo una conciencia de lo natural del consumo y de lo lógico de la producción. Hemos avanzado sobre la no polarización de estos dos conceptos, la «humanización» de este par conceptual inseparable. Hemos incluído en esta paridad lo individual, lo característico de cada individuo, sus riesgos, su arte y su resultante equilibrio en cada serh. Y ahora nos convoca la palabra «tiempo». Los tiempos, las épocas de la avidez del ser humano y sus características son variables en el tiempo, en la vida de cada persona, de cada individuo. Cambian de acuerdo a las circunstancias que el individuo vive, a su edad, a sus responsabilidades y también a sus libertades intrínsecas.

b. El equilibrio de la avidez del serh es un continuo de decisiones a través del tiempo. Es un ejercicio que hacemos constantemente. Es una convivencia que tiene un tiempo de aprendizaje, un tiempo de comprensión, -de aceptación de esa mecánica en nuestra individualidad y de adaptación a nuestras características- y, por último un tiempo de sabiduría, -de manejar estos conceptos y estas decisiones en base a la conciencia y a la experiencia adquirida-, en beneficio de ese equilibrio entre riesgo y arte que caracterizan nuestra individualidad. Y como es un proceso que cada individuo recorre por distintos senderos y con distintos resultados para sí mismo, al socializar ese proceso y comparar para aprender del otro, de la experiencia social en su conjunto, hemos adquirido un parámetro en común y lo llamamos «productividad».

La productividad es la razón o cociente entre lo producido y lo consumido por un determinado individuo, ente o sistema en una determinada circunstancia. Y, así como se define la productividad individual, también se define la productividad de los sistemas y de los sistemas sociales o sociedades.

c. Este proceso de aprender a ser productivos con una avidez equilibrada y una humanización de los valores es esencial tanto para el individuo, como para las sociedades en su totalidad. Tanto el individuo como las sociedades que él constituye pueden superar este proceso o trascenderlo.

No es lo mismo superar que trascender. Superamos un proceso cuando logramos, solamente, que este proceso quede atrás en nuestro tiempo, en nuestra vida. No hay una comprensión cabal del proceso, hay un pasaje poco consciente y poco formativo que ocupó nuestro tiempo pero no nuestra mente.

Trascender es llegar a la etapa culminante del proceso sin abandonar mentalmente ninguna etapa recorrida. Mantenerse en el aprendizaje y en la comprensión para seguir alimentando el saber alcanzado. La trascendencia de un proceso hace de él un espiral ascendente que crece en toda oportunidad que se presente. Es indispensable, en procesos continuos como este, reconocer esta diferencia y mantenerse en un estado de trascendencia abierta al futuro y a la libertad individual.

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2. El Ser ávido.

2. El Camino de la Ávidez

a. Estamos acostumbrados a elegir, y más aún, a elecciones binarias y por oposición. Acudamos a cierta imágen que nos ilustre. Al llegar a una intersección de caminos o calles, tenemos dos opciones, seguir por el camino que veníamos o tomar el camino que cruza.

Pero, ¿cuál es el camino que cruza el camino de la avidez? Si hemos dicho que nacimos para consumir, vivimos gracias a nuestro consumo, y necesitamos aprender a producir para no perecer por la falta de consumo.

Aprender a producir es un largo y complejo esfuerzo. Y, con un desafío aún mayor: aprender a producir mientras alguien que nos ama toma la responsabilidad de producir por nosotros. Después, en algún momento no conocido, la responsabilidad y necesidad de producir nuestro consumo ya depende de nuestro propio esfuerzo, sin atenuantes, sin discusiones, sin dilaciones posibles. Este proceso de aprender a producir es, como dijimos, un gran aprendizaje y también al llegar a concretarlo, un gran logro. A veces muy gratificante, personal y constructivo. Pero, muchas veces, crea dependencia mental y espiritual, apabulla y confunde. Ese efecto es el que debe llamar a nuestra conciencia, y, en ese momento debemos tomar la bifurcación, ahí es donde tomar decisiones y seleccionar nuestra forma de vida.

b. ¿Por qué desviarse del camino de la producción, si en realidad consumiremos toda la vida? Es cierto, y es aquí dónde debemos hacer un análisis muy certero de las características de nuestro consumo y las facultades de nuestra producción para darnos cuenta en qué situación nos encontramos. Pero también, la rectificación de nuestro camino de producción no tiene que ser en calidad ni en cantidad, sino en productividad, objetivos y dinámica.

Debemos tener siempre presente los tres planos de nuestra vida productiva. La forma, la lógica y lo trascendente de nuestra producción. Y, una observación sustancial de nuestra forma de ver estos tres planos, es no confundir el medio, -el dinero- con el objetivo. No producimos en primer instancia, para obtener más y más dinero, producimos para poder consumir en la medida que lo necesitemos.

c. Pero, ¿qué debo hacer si este equilibrio entre lo que produzco y lo que necesito no se logra? En realidad la pregunta más exacta es ¿cómo mantener este equilibrio en el tiempo, en contextos muy cambiantes? Y, más allá de eso, ¿Cómo hacer para que esta cuestión no domine y limite mí vida afectivamente, emocionalmente y tracendentemente?

El equilibrio entre consumo y producción no es una balanza que mide, en un determinado momento una relación de dos magnitudes medidas en una unidad de medida homogénea. Es en sí, una relación continua en el tiempo que tiene una magnitud o unidad de medida estable pero que crece y decrece de acuerdo a nuestras actitudes y acciones. Y, estas actitudes y acciones son productivas o no, mantienen el equilibrio o no de acuerdo a nuestro expertisse, a nuestro conocimiento y a nuestra conciencia.

Así, lo que parecía ser una relación simple de más o menos dinero, más o menos productividad de los recursos físicos y económicos pasa a ser una conjunción sociológica de tres variables:

  • Productividad del Patrimonio.
  • Productividad del Tiempo
  • Productividad del Conocimiento

Así, es posible llevar a la conciencia individual, por el camino de la coherencia y el equilibrio personal respecto de las necesidades del entorno y la sociedad.

Tu trabajo sobre este conocimiento:

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El Ser ávido.

Introducción

¿Qué quiere decir ávido? ¿Porqué el Ser ávido? ¿De dónde viene este Ser ávido?¿Hacia dónde va? ¿Era necesario este camino?

a. ¿Qué es la avidez? Hay varias acepciones de la palabra:

«Que siente un deseo fuerte e intenso de tener, hacer o conseguir algo.»(1)

«El adjetivo ávido o ávida expresa el deseo intenso por algo. … El adjetivo ávido se corresponde con el sustantivo avidez, que es un sentimiento similar a la ambición, a la pasión o a la voracidad.»(2)

Gran parte de los problemas sociales de hoy en día parten de esta avidez del SerH, con matices de acuerdo a cada individualidad, pero con causas que no son del todo claras, ni hemos trabajado en descubrirlas, ni en subsanarlas. No vamos a hablar de culpas, no vamos a marcar errores, no vamos a denotar sectorizaciones de ningún tipo, pero sí vamos a tratar de traer a nuestra conciencia actual, esta realidad que nubla el avance y desarrollo de muchos individuos, y quita posibilidades de felicidad y realización personal a todos y cada uno de nosotros.

b. El «tener», pensado como el retener cosas para uno mismo, evitando su flujo natural, su utilización eficiente y su poder creador, tiene su principal origen en los miedos. Tiene su razón en los miedos más profundos del SerH y en la falta de conciencia y tratamiento personal de esos miedos. Pero los miedos no son naturales de por sí, los crea la experiencia, la reiteración de errores, la imprevisión, el contexto hostil que, en algún momento vivimos. Si las salidas de esas circunstancias se aprenden sobre la base de un «tener», eso se traduce en una avidez y quizás, en una avidez desmedida y muy perjudicial para la sociedad en su conjunto.

c. Los caminos de la conciencia, de la aceptación y de la renuncia son otros, pero hay que aprender a elegirlos. No son inmediatos, tampoco casuales, ni gratuitos. Requieren concentración, esfuerzo e inspiración, pero están y al encontrarlos se ve el horizonte, se recupera la dignidad, se llega a la más pura libertad para nuestra vida y la vida de nuestra sociedad.

¿Era necesario este camino? Sí. Era necesario. Fueron realmente necesarios los errores, las guerras, los miedos, las corrupciones, los atrasos y traiciones. Son los anticuerpos, las vacunas, los contrasentidos que crearon este SerH actual que somos. Pero ahora, ya nos dimos cuenta, ya «caímos» en esa trampa, ya tenemos todas las defensas altas, todos los métodos y mecanismos para trascender esta realidad tan dura y perjudicial para todos. Es cuestión de poner esos métodos y mecanismos en práctica y despegar hacia otra realidad.

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7. El Pulso Mundial

7. El Amor, energía retornable.

Creemos muy fuertemente en los signos que las culturas dan a través de sus giros idiomáticos. Si bien vamos a hablar de amor, debemos expresar sobre qué tipo de amor hablamos. Y para ello vamos a hacer una comparación de significados:

¿Hacer el amor o ejercer el Amor?

Vamos a buscar el lugar común, aquel que todos entendemos, y para las personas de esta época, «hacer» el amor significa ejercer la sexualidad, buscar el placer a partir del tacto con el otro, de la sensibilización de sus sentidos y emociones y de estar conteniendo o dentro de la otra individualidad. Y ésto es muy real, muy sensible, muy emocionante, vertiginoso, pero además, muy necesitado realmente.

El individuo, el ser humano, cuenta con el cuerpo, una mente, y un espíritu (entidad en la que podemos creer o no, pero que, a efectos de la inclusión de conceptos, no podemos dejar de mencionar).

Lo que hemos descripto como el «hacer el amor» toca, incluye a dos de éstas herramientas que constituyen el ser: al cuerpo y a la mente.  Es como que, el hacer el amor, nos abarca y completa en esos dos aspectos. Es la forma de ser en el otro que tenemos a mano en función de nuestro cuerpo, de nuestra sensibilidad, de nuestras emociones. Es un gasto muy alto de energía que hacemos en función del placer del otro.

Ahora, veamos, por analogía qué significa «ejercer el Amor».

Ejercer el Amor, existe. Le hemos puesto este nombre para partir del concepto antedicho. Y es similar pero sin acudir a la sexualidad, ni al contacto. De las tres herramientas que hemos reconocido en el individuo como características, el cuerpo, la mente y el espíritu, usamos las otras dos: La mente y el espíritu.

En ese ámbito mente-espiritu es en el medio que se «ejerce el Amor». Ejercemos el Amor por fuera de nuestro cuerpo, con la mente-espiritu cuando nos relacionamos con otros seres, pero también con la Naturaleza, los animales y con todo aquello que tomamos conciencia de nuestra relación de construcción mutua, de desarrollo armónico y de trascendencia compartida.

Este Amor es altamente productivo ya que su consumo energético es muy bajo pero sus construcciones son muy significativas, revolucionarias y muy trascendentes en lo social. Es una actividad mento-espiritual que no se aprende por intuición, no es una pulsión natural la que lo evidencia, pero es fruto de experiencias con mucha atención en el otro, mucha conciencia de mis posibilidades y de mis relaciones y un trabajo persistente que amplia radios de conciencia y de acción de manera insospechada.

El Pulso, está basado en este Amor. Es una forma de hacer en la vida, que potencia la coincidencia de todas las personas, conecta energías permitiendo que fluyan de individuo en individuo y hace del Amor el mayor poder que cada uno de nosotros tiene para poder expandirnos indefinidamente.

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6. El Pulso Mundial

6. Energía Emocional.

¿Porqué nos gusta jugar? ¿Porqué amamos? ¿Porqué tendemos, la mayoría de nosotros, a ejercer como madres o padres? ¿Porqué nos gusta el éxito y ser populares, reconocidos? ¿Porqué algunos tienen la posibilidad de morir plenos y satisfechos?

Los caminos de la utilización de nuestra energía vital son diversos. Los de la razón son bien marcados, definidos precisamente por ésta, por la razón. En él, el siguiente paso es hacia el objetivo, el norte que hemos elegido de antemano y que la memoria nos pone como elección a cada paso.

Los caminos de la energía emocional son abiertos, inmensos, impredecibles, subjetivados. La intuición y la oportunidad reinan en esos tramos de nuestro andar.

Nadie recorre un sólo tipo de camino a la vez. La mente y el corazón conviven y se complementan paso a paso, como la recta y el plano, como la responsabilidad y la libertad, como la tierra y el cielo, como la vida y la muerte.

Energéticamente transformamos energías de dos fuentes, de dos tipos, y es necesario que ellas se mantengan sincronizadas, que se sumen entre sí y que no se opongan en nuestro seno. Algunos a este logro le llamamos coherencia, otros equilibrio, otros honestidad. Y ésto nos trae posibilidades, confianza de los demás hacia nosotros, crecimiento y amplitud de conciencia.

Pero no todo queda ahí. Hay otra energía que se agrega a esos dos canales. La energía que nos llega a nuestra mejor antena: las emociones. Aquella energía que los demás nos dan, nos regalan, que entran por nuestros sentidos y se ponen a disposición a través de nuestras emociones. Está energía también hay que sumarla y sincronizarla para acumular y transformar. A ese trabajo está apuntado este ejercicio: El pulso.

En la próxima entrada de “El Pulso”:

7. El Amor, energía retornable.

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5. El Pulso Mundial

5. Usar la vida.

Suena fuerte la frase «usar la vida», pero es lo que hacemos. Es lo que hicieron Gandhi, Einstein, John Lennon, y muchos más! Todos aquellos que vos y nosotros recordamos su nombre gratamente, con respeto y admiración. Claro, es imposible conocer el nombre de todos nosotros, pero recordamos los nombres de aquellos que usaron sus vidas con un objetivo claro y trascendieron al resto de nosotros, por haberlo hecho muy bien, visiblemente y con una productividad, con un legado social, altísimo.

No hay opciones. La vida es una libertad que tenemos inmanente en nosotros. Y las libertades conllevan responsabilidades: usar la vida en pos del bien de todos!!!

Para ello se necesita la voluntad, el conocimiento y la inspiración.

La voluntad. Decimos muchas veces que «no podemos hacer», y en realidad esta negación es una negación encubierta de nuestra libertad. Si tomamos conciencia de ésto, y de las causas que nos llevan a decir que no podemos, hemos tomado el camino de vivir con mayor conciencia nuestra vida y por consecuencia nos hemos acercado a nuestra libertad volitiva. Luego de ésto, el «no puedo» pasa a ser «no quiero» y eso ya está dentro de nuestro dominio y responsabilidad. Nuestra libertad de actuar voluntariamente está más cerca.

El conocimiento. También, muchas veces, nuestras ideas o ideales se ven muy lejanos porque nuestra mente no alcanza a descubrir los caminos por los cuales podemos llegar a ellos. Pareciera ser, en esos casos, que el conocimiento es inaccesible para nosotros por alguna causa que el destino nos oculta. Pero no es así. El conocimiento es hijo de la conciencia. Por lo tanto, lo que necesitamos hacer es ejercitar nuestra conciencia y teniendo presente aquellas ideas o ideales a los que queremos acceder tendremos la oportunidad de acceder a los conocimientos adecuados para descubrir y llegar a aquello que anhelamos. Una libertad que debemos descubrir a través de la conciencia y la perseverancia en el tiempo.

La inspiración. Y ya hemos llegado a un grado de libertad antes negado, pero hay más, mucho más. Aquí está la magia, el misterio y la totalidad de la libertad. Aquí está la libertad trascendente a la que llegaron Gandhi, Einstein, Lennon y muchos más.

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4. El Pulso Mundial

4. La Selección.

La Termodinámica es una de las ciencias que más similitud le encontramos con los sistemas sociales. La energía de las unidades, ya sean átomos o individuos, esta expresada en el calor o su medida, la temperatura. La interacción social, que por medio de la comunicación ejerce fuerzas sobre el individuo, se refleja en la presión del sistema termodinámico.

En resumen, estamos hablando de Ciencia, y por lo tanto de Naturaleza. De los comportamientos naturales de los elementos, pero también, y en similitud, de los individuos, de las personas.

Dentro de esta ciencia Termodinámica encontramos dos conceptos altamente interesantes en cuanto al manejo de la energía y ellos se llaman: Entropía y Entalpía

La entropía se suele entender como el grado de desorden del sistema, mientras que el entalpía se refiere la cantidad total de energía que contiene dicho sistema, o de forma más específica, la energía que contiene y que puede intercambiar con su entorno. Aunque son diferentes conceptos, ambas están muy relacionadas.

¿Hacia dónde vamos? ¿La Selección? Si fuéramos moléculas con voluntad, razón y emociones, ¿con que tipo de moléculas tendríamos a relacionarnos? No serán aquellas moléculas que reduzcan el nivel de desorden del sistema -las de menor entropía- y/o aquellas que más energía puedan intercambiar con su entorno -las de mayor entalpía-.

La selección que naturalmente hacemos al elegir con quién relacionarnos, tiene mucho que ver con éstos conceptos. Saber armonizar energías, producir energía y trabajo, y tender al equilibrio, al orden y a la honesta previsibilidad. Pero ésto, no depende de tu voluntad, no es volitivo, es natural o sea intuitivo si así querés llamarlo.

La IS: Ingeniería Sociológica sostiene este principio, esta relación que existe entre las ciencias de las cosas y las ciencias sociales o del ser humano en sociedad. Cómo las ciencias duras, de las cosas, se han desarrollado en forma de técnicas para construir soluciones a los problemas de la humanidad, ¿porqué no usar esas técnicas ya desarrolladas en las ciencias blandas o sociológicas? Este es el desafío de la IS.

En las próximas entradas de “El Pulso”:

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7. El Amor, energía retornable.