Todo. ¿Me explico? Gano todo, todas las veces, todo el tiempo.
Pasar, de percibir la vida como una lucha, a vivir la vida como una construcción amorosa es ésto, justamente ésto: pasar a ganar en todos los tiros, a vivir sumando continuamente y dejar de signar entre positivo o negativo cada momento vital, cada negociación, cada situación social.
Es cierto, es difícil de imaginar, de ver. El mundo material nos pone ese antifaz de oposición, de ganar/perder porque esto es una ley muy fuerte, muy natural, infranqueable de lo material, pero, el mundo mental no es así y mucho menos la vida trascendente. En el mundo mental, construír es gratis. En el mundo mental perder no existe. No puedes perder emociones, no puedes perder experiencia adquirida, no puedes perder conciencia. En realidad, sí lo puedes hacer, pero es una cuestión de salud funcional, y no estamos aún seguros si lo pierdes al enfermar o en realidad lo escondes.
Tu dirás: ¿Porqué, los que piensan así me parecen ilusos, poco inteligentes, verseros, inestables social y economicamente, poco confiables?
Porque la vida nos enseña y nos demuestra, todo el tiempo, que lo físico es todo, que lo material domina a lo mental y a lo espiritual. Que lo emocional es producto de tus posibilidades económicas, de tu nivel social y de tu acceso al poder material que tienen los otros. Y ésto es cierto, es real porque sino la vida no lo podría demostrar, ésto es verdad, pero no es TODA la verdad.
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4/7: Ya sabía que ésto es lo que debo hacer pero no me interesa
Hoy quiero convidarte con un pensamiento que me ha invadido hace algunas semanas. Evidentemente, la pandemia nos toca sensibilidades que han estado adormecidas y que ahora, la situación nos hace rescatar, mejor digo, nos obliga a rescatar y potenciar en beneficio de nuestros seres queridos.
4/7: Ya sabía que ésto es lo que debo hacer pero no me interesa
Es genuino y comprensible no estar interesado en ser amable, ni siquiera estar interesado en ser empático. Es muy comprensible que, en estas luchas, hayas salido muy dañado en tus ganas, en tus iniciativas, en tus principios, en tu forma de ser en definitiva. Pero pregúntate ¿porqué?
Si estás dañado, desanimado, desinteresado es porque alguien ha gestado ésto, es cierto. Alguien, o muchos, han hecho que te sientas así. Pero vos aceptaste sentirte así. Inconscientemente aceptaste su forma agresiva de ser hacia vos y la incluíste dentro de tus posibilidades y, quizás la estés ejerciendo. Esta es la verdadera lucha. La lucha tuya. La batalla que te caracteriza y te dice que la vida es una belleza o un desastre, que sos una persona amorosa o una persona tóxica para los demás. Adoptar la agresividad como forma de relacionarnos se está generalizando y no debemos caer en eso.
No seamos virósicos con ésto. No nos contagiemos del que nos ha sido perjudicial, inestable, propenso al odio o al rencor. ¿Esta es la moneda que vamos a adoptar para desarrollar nuestra vida? Esta es la forma de ser felices que queremos para nosotros. No puede ser así. No existe ser feliz de esa forma. Este es el paradigma que destruye, al que vos le temés, del que realmente querés huir y no podés porque muchos a tu alrededor también están inmersos en él.
Pero entonces, ahora, nos hemos dado cuenta que, no es que no nos interesa amar y ser amable, es que no sabemos porque nos hemos contagiado. No sabemos cómo salir de ese paradigma odioso, de esa transacción especulativa de darse o no darse al otro. Y también, nos hemos dado cuenta, aunque ya lo sabíamos, que hay otra forma de vivir, de asumir la vida, de disfrutarla y no de sufrirla. Y ésto depende de nosotros, no depende de los demás. Depende de nuestra libertad mental de decidir cada actitud en cada momento.
Hay que ver si pasa…!
Todo depende de como lo veamos, ser feliz o no, amar o no, crear o no, vivir o sólo subsistir un poco más.
Esta frase -el titulo-, al oído de la gente de mi generación y yo creo que de las anteriores también, suena lejana, ideal, y hasta ilusa, inocente. Y, por sobre todas las cosas, suena descontextualizada, fuera de contexto – más siendo escrito y publicado en este sitio – pero permíteme el intento de explicar esta inclusión.
Nos levantamos por la mañana, volviendo de nuestros sueños, que aunque -casi siempre inconcientemente- nos presentan ideas e imágenes distintas de las que tenemos en vigilia y vivimos diariamente. Esta realidad es nuestra vida, la de los despiertos pero no es nuestro ideal de vida. ¿Porqué?
Al tener acceso, por los avances de la comunicación o por las propuestas de los sueños, a realidades distintas a la nuestra se produce un quiebre en nuestra conciencia entre la idea de la vida que llevamos y la idea de la vida que podríamos llevar. Se produce un ideal, una vida ideal y es en este punto donde aparecen emociones y estados de ánimo que, según sea la distancia entre la percepción de la vida que tenemos y la vida ideal, esta distancia nos potencia o nos deprime y nos desvía. Llamemos a esta distancia descripta «diferencial del ideal». Pero ¿qué tiene que ver ésto con «levantarse para amar»?
Todos, o casi todos nosotros en el párrafo anterior, al traer a la conciencia el diferencial del ideal pensamos en situaciones cuantitativas, físicas, económicas de nuestra vida. Es así porque nuestra historia más ancestral nos ha enseñado ésto, nos ha inculcado el «tener» cómo solución al diferencial del ideal. Los problemas, hemos aprendido, pasan por las necesidades físicas, económicas, tangibles del aquí y ahora. Pero, no es así. No es totalmente así. Por suerte, por un diseño de nuestra vida actual divino, no es así. Y, por lo tanto no lo debemos ver así. Todos nosotros también sabemos, intuitiva o conscientemente que hay un más allá de todo este mundo material, de los ideales y realidades de tipo económico pero no los priorizamos, no los tenemos en cuenta, no las usamos para resolver esta distancia al ideal. Ni siquiera lo usamos en el diseño de nuestro ideal y mucho menos en el diseño de nuestras sociedades.
¿Entonces? La frívola frase que te propongo te invita a ésto. A recurrir a la intuición e identificar en tu vida las emociones, analizarlas, descubrir sus causas y clasificarlas en aquellas que debes modificar, aquellas que debes reproducir y aquellas que te potencian, que te hacen feliz. Luego de ésto que ya es mucho, crear una vida de emociones que te acerquen al otro, a las otras personas y así crear un ideal de vida basado en empatías, en coincidencias, en construcciones comunes.
A partir de este acercamiento emocional llamado Amor es posible comenzar a construir. Desde pequeños momentos, vivencias, hasta, por ejemplo proyectos o diseños sociales que propongan una vida cercana al ideal para todos. Para ello esta hecho el sitio de Ingeniería Sociológica (www.ingenieriasociologica.com), para viabilizar estos diseños a partir de grupos de personas con ésta consonancia emocional, con este amor por los demás.
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2/7: ¿Porqué me propones ésto?
3/7: ¿Y qué ganó con ésto?
4/7: Ya sabía que ésto es lo que debo hacer pero no me interesa