Integrar es tomar las partes y, mediante ciertos procesos a definir, ir adecuando unas a otras generando así una homogeneidad funcional.
Bueno, este es el objetivo de la Ingeniería Sociológica. A partir de nosotros como partes concientes de un todo social, ir integrándonos para lograr un objetivo: Vivir en una sociedad mejor diseñada, más pensada, más discutida y acordada, más abarcativa, más inclusiva pero también más diversa, más cómoda pero más proactiva con nuestro planeta, más amorosa y amable, más trascendente.
Hemos compartido cinco entradas bajo el título «Estratos». Le hemos puesto nombre y significado a procesos complejos que el ser humano hace naturalmente y sin preocuparse demasiado por ello. Es cierto que son naturales, que son procesos comunes a todos nosotros, que si no supiéramos éstos conceptos los haríamos también de una forma similar, pero, son procesos largos en el tiempo, múltiples en su coordinación y son procesos sociales. Dependen de los tiempos en que vivimos, de varios sistemas orgánicos de nuestro cuerpo y sobre todo de las personas que nos rodean e interaccionan de una u otra forma.
Esta complejidad hace que seamos «individuos». Personas que, a pesar de pasar por similares procesos para construir nuestra conciencia, somos únicos y distintos unos de otros. La conciencia de esta situación de individualidad nos ayuda a crecer como tal. Pero a veces, individualmente, podemos ser «comunes». Y ¿cómo es una persona «común»? Aquella persona cuya conciencia adolece de la parte social, de la inclusión del «otro social» en mí propia individualidad. Esta adolescencia social es lo común, es lo que no permite crear nuestro propio estilo.
Para crear o mejorar tu estilo, necesitarás tres cosas: Una firme decisión, un método y mucha imaginación. ¿Estás dispuesta/o?
Hay veces que, a ciertas palabras, se les deteriora el significado. Este es el caso de la palabra «conciencia». Tanto usarla para reivindicar su valor que, ahora creció su peso específico. Es una palabra, para mí, pesada, difícil de obtener. Pero en realidad lleva tras ella todo el valor que venimos analizando.
Otra palabra de este título cuyo significado lo veo exaltado, es «disfrutar». La definiría en este momento como el aprovechamiento de las experiencias sensitivas sin hacer ningún esfuerzo para ello. Y, ésto es falaz, equivocado, pues la Naturaleza nos enseña que no hay ningún resultado de ningún tipo si no hay esfuerzo que lo sustente. Lo que ocurre, es que la madre Naturaleza no aclara que el disfrutar puede ser de una persona y el esfuerzo puede ser de otra persona. Ahí, justo ahí, es donde está el deterioro social de la palabra «disfrutar». Hay individuos que buscan disfrutar del esfuerzo conciente de otros individuos.
Iluminar la consciencia es expandirla hacia los otros, hacia los demás. Es crear desde lo individual, lo social.
Entonces, disfrutemos de nuestra vida consciente!!! La conciencia nos abre todas las puertas, todas las oportunidades. La acción consciente y osada nos lleva por caminos insospechados. La sociedad aún, en su conjunto, en unidad, no ha experimentado el sabroso gusto del esfuerzo social consciente. El gusto por ayudar, hacer, lograr en equipo y en sociedad, todavía no lo hemos aprovechado, no lo conocemos profundamente. Empecemos de una vez!!! Vamos a disfrutar de una vida social consciente!!!
Eligiendo, vivimos eligiendo. Elegimos delante de una vidriera, elegimos levantarnos por la mañana, elegimos una pareja o elegimos vivir solos. Elegimos también delante de una bifurcación del camino. Pero, ¿sabemos siempre hacia dónde vamos? ¿Tenemos presente que al estar eligiendo, estamos definiendo hacia dónde queremos ir?
Las selección natural de los caminos a seguir es la elección de aquello que la supervivencia y la conservación de la especie nos indica. Pero no siempre seguimos lo que la Naturaleza nos indica. Algunas veces por osadía, otras por imposibilidades reales y otras detrás de la aventura y diversión, elegimos caminos distintos, más cortos, más rápidos, más eficientes, más riesgosos. ¿Está mal esto?
Mientras la conciencia este presente, se asuman los posibles destinos en toda su magnitud, y se tenga en cuenta, sobre todas las cosas, el entorno, las personas cercanas, sus sentimientos e intereses, la relación que tenemos con ellos, la relación simbiótica con el entorno natural que nos rodea y nos contiene, entonces no está mal, al contrario, está muy bien! La evolución del humano se basa en éstos hechos osados, inesperados pero conscientes, oportunos pero inciertos. Para que exista un camino, alguien debe haber pasado antes, tan firmemente que el camino quede marcado para los siguientes caminantes que quieran experimentar ese destino.
Aprender, comprender y saber. Tres espacios eslabonados para llegar al conocimiento. Y antes, la necesidad. La necesidad de conocer como motor, como alimento de nuestras decisiones y acciones. El insumo esencial pero invisible de toda construcción humana.
La conciencia, sustentada en la memoria y la lógica, se nutre del conocimiento y así crea, capa tras capa, esta construcción que dirige nuestras vidas. Pero éstas capas tienen distinto poder de influencia sobre nosotros. Todo está en la conciencia, pero lo inmediato es lo que SABEMOS fehacientemente. El siguiente estrato es lo que hemos COMPRENDIDO a través de la experiencia o la razón. Y el tercer estrato es lo que hemos APREHENDIDO de alguna forma.
Aprehender, comprender, saber, conocimiento, crear conciencia en estratos son todas funciones innatas, naturales. Pero, sus resultados, no siempre son los mejores. Los miedos, las frustraciones, los excesivos consentimientos suelen subvertir estas estructuras mentales y generar dificultades. Para prevenir éstas dificultades es necesario revisarlas periódica y metódicamente en su evolución.
Todo comienza cuando los sentidos nacen a funcionar. El oído, el gusto, el olfato, el tacto y la vista nos anuncian que estamos vivos. Paulatinamente, gradualmente, se comienza a percibir el contexto, el otro: el vientre, la madre en primerísima instancia.
Tender un puente hacia el otro. Hacia lo sociológico, hacia el diseño y la construcción en común.
El corazón ya late, el amor que lo creó esta llamando al cerebro para anunciar este trabajo en equipo. No existen aún las palabras, tampoco los significados pero el corazón necesita guardar esas sensaciones que ya llegaron para asegurarse poder seguir latiendo.
La memoria entra en escena. ¿Antes o después que las palabras? No hay idioma para contestar, aún no hay historias para contar, pero su función está preparada para protegernos, para decidir los caminos de la supervivencia. Entonces, comienza la experiencia… los primeros pasos que nos lleven al conocimiento, a la vida.
Luego, y gracias a ésto, aparecerán lejos en el horizonte los otros dos sentidos. ¿Cómo no eran cinco los sentidos? La mente le reclama al corazón. Pero, ¿qué le reclama? Inspiración, intuición. ¿Y para qué? Para unirse, para lograr la Unión. Ahora ya son siete, siete los sentidos.
Vivir de forma consciente es un gran logro. Vivir conscientemente es, en realidad, un atributo que nos une a la humanidad y al mundo. Es un aprendizaje diario y para toda la vida. Pero, en ciertas ocasiones, es angustiante y no es reversible.
La conciencia nos guía a través de los caminos del conocimiento. La conciencia nos habilita o nos inhibe la acción. La conciencia nos impulsa hacia lo desconocido con osadía y pasión. ¿Qué más le podemos pedir?
En éstas siete entradas queremos valorar la conciencia, valorar sus elementos y aprender a ubicarlos de acuerdo a lo que la vida nos pide y nos enseña que es necesario. Para que cada uno de nosotros, podamos convivir, diseñar y desarrollar nuestra conciencia con estilo propio.