Conceptos y definiciones, educación, opiniones, Sistemas sociales, Tejido Social, Trabajo

La Calificación y el Mérito

Ciertamente, la palabra «calificación» en éstos tiempos no goza de muy buena salud. Quizás no por ella misma, sino por su palabra hermana la «descalificación» que es tan usada y ejercida en las sociedades actuales. No muy lejos está, su prima mayor, la palabra «mérito» que hace alusión a las sucesivas calificaciones obtenidas de una forma o de otra, ante la sociedad en que vivimos.

Ya no tenemos entre nosotros «personas meritorias» o «autoridades calificadas para…» y eso nos dá como una especie de autorización para no ser, ni siquiera intentar ser una de ellas. Es como, que reconocer que otra persona es calificada, o meritoria en algo nos pone en una posición de comprador compulsivo e irracional de ese reconocimiento que hemos hecho y nos expone de manera negativa.

Un contra-ejemplo de ésto, ocurre en el deporte, en el fútbol por ejemplo. ¿Qué es sino, la tabla de posiciones de un determinado torneo? Una calificación detallada de la trayectoria de cada Club, buscando reflejar los méritos de cada Club para llegar a ser el campeón del torneo.

Por lo tanto, y a la vista está, la sociedad necesita de la calificación y de la registración o memoria del mérito. Sino cómo confiaríamos en el médico, en el mecánico del auto, o en el gasista matriculado al hacer nuestra elección.

Y no por ser más joven o una persona de más edad, necesitamos menos -en el caso del joven- o más -en el caso de la persona de mayor edad-. Veamos sino, los juegos que los jóvenes frecuentan en sus celulares. ¿Cuál es la principal motivación por la cual un joven se pasa horas jugando contra unos y otros, y tratando de calificar mejor, para tener más «beneficios» y «concesiones» a la hora de enfrentarse y medirse con el otro.

Reivindiquemos estos conceptos en nuestras mentes. Quizás con éstas mismas palabras o quizás con otras como «rankeado» o «posicionarse» o «trayectoria» pero reconociendo que es necesario calificar para conocer, saber de los méritos de uno y otro, para elegir y recorrer así nuestra vida de relación más firmemente y no tan a ciegas, tan aleatoriamente.

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¿Quién agita el frasco?

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El video es un ejemplo muy ilustrativo de lo que pasa en mi país -y creo que en muchas sociedades- desde hace mucho tiempo, pero no encuentro realmente quién es el que agita el frasco.

Estoy empezando a pensar que el que agita el frasco está dentro mío, en la historia de cada uno de nosotros, en nuestras historias, en nuestras decepciones y frustraciones. En nuestras pasiones polarizantes que si bien nos otorgan características únicas y beneficiosas como país, nos oponen y nos hacen reactivos unos con otros descartando el trabajo en equipo o en red como una opción necesaria.

Los escucho en comentarios. Es un gran tema a resolver, que nos aborda a cada minuto de nuestras vidas.

En próximas entradas:
  • Los pares de opuestos sociales
  • La mesa de tres patas
  • Los estados crecientes de conciencia
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Transmutar la vida

Cuando los niños van a la escuela, encuentran la «preparación para el trabajo» y les enseñamos a relacionarse con la vida de una forma «transaccional». Es necesario.

Luego, al buscar una carrera, una profesión, un oficio, les proponemos una relación «vocacional» con la vida. Es conveniente.

Al final -o al principio- no se sabe, cuando el individuo ha hecho pie con la supervivencia, busca entonces una relación «amorosa» o «artística» con la vida. Esto es imprescindible.

¿Entonces, por qué no empezar y sostener esta forma de relacionarse con la vida en todo el trayecto?

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Desde el Aula hasta la IA

Introducción

¿Hay una nueva forma de aprender? Hoy en día, la palabra «aprender» no ofrece una conceptualización completa. Han cambiado las realidades que generan aprendizaje. La proliferación de los medios de comunicación, sus canales, sus emisores y sus contenidos han creado en la vida de cada individuo actual un constante recibir y emitir contenidos de todo tipo.

Lo que nos lleva a otras dos preguntas: ¿Qué deseas aprender? ¿Para qué deseas aprender? Junto con éstas dos preguntas completamos la terna inicial que puede desembocar en una respuesta a nuestra inquietud inicial y a la pregunta: ¿Cómo lo deseas aprender?

  • ¿Qué deseas aprender?
  • ¿Para qué lo deseas aprender?
  • ¿Cómo lo deseas aprender?

Y, en este caso, planteadas estas tres patas del «aprender», podemos decir que sí, hay una nueva forma de aprender que nos lleva, más rápidamente, a algunos «para qué» muy frecuentes en nuestro tiempo.

Cómo ejemplo disparador de esta publicación les tengo que contar que, hace unos días, hablando con un analista de sistemas y programador, le pregunto sobre qué piensa sobre la Inteligencia Artificial y los ChatGPT y me contesta de esta forma: «Me ahorra miles de horas de estudio e investigación en mi trabajo».

Esto me hace reflexionar sobre cómo hemos aprendido nosotros, cuánto hemos aprendido en el sistema formal de aprendizaje, cuánto hemos incorporado en nuestra vida familiar y en nuestro quehacer diario, y cómo y cuánto de ello usamos a diario con resultados que realmente deseamos y nos hacen vivir mejor.

La «eficacia» de lo aprendido de esta forma, de la forma que podríamos llamar «tradicional» es, por lo menos, de mediana a baja. ¿Es esencial? Sí, es esencial para el ser, su conciencia y su desarrollo social, pero el método y sus tiempos son ineficientes y poco productivos.

Por ello, a mi entender, tenemos juventudes más dedicadas y atraídas por las redes que por sus estudios formales.

En próximas entradas:
  • Lo importante es lo que llega.
  • Académico o Experiencial.
  • Renuncia como actitud.
  • ¿El Conocimiento es patrimonio?
  • Estructuras de Conocimientos
  • Las búsquedas
  • Inspiración Social