Cuando los niños van a la escuela, encuentran la «preparación para el trabajo» y les enseñamos a relacionarse con la vida de una forma «transaccional». Es necesario.
Luego, al buscar una carrera, una profesión, un oficio, les proponemos una relación «vocacional» con la vida. Es conveniente.
Al final -o al principio- no se sabe, cuando el individuo ha hecho pie con la supervivencia, busca entonces una relación «amorosa» o «artística» con la vida. Esto es imprescindible.
¿Entonces, por qué no empezar y sostener esta forma de relacionarse con la vida en todo el trayecto?