6. Energía Emocional.
¿Porqué nos gusta jugar? ¿Porqué amamos? ¿Porqué tendemos, la mayoría de nosotros, a ejercer como madres o padres? ¿Porqué nos gusta el éxito y ser populares, reconocidos? ¿Porqué algunos tienen la posibilidad de morir plenos y satisfechos?
Los caminos de la utilización de nuestra energía vital son diversos. Los de la razón son bien marcados, definidos precisamente por ésta, por la razón. En él, el siguiente paso es hacia el objetivo, el norte que hemos elegido de antemano y que la memoria nos pone como elección a cada paso.
Los caminos de la energía emocional son abiertos, inmensos, impredecibles, subjetivados. La intuición y la oportunidad reinan en esos tramos de nuestro andar.
Nadie recorre un sólo tipo de camino a la vez. La mente y el corazón conviven y se complementan paso a paso, como la recta y el plano, como la responsabilidad y la libertad, como la tierra y el cielo, como la vida y la muerte.
Energéticamente transformamos energías de dos fuentes, de dos tipos, y es necesario que ellas se mantengan sincronizadas, que se sumen entre sí y que no se opongan en nuestro seno. Algunos a este logro le llamamos coherencia, otros equilibrio, otros honestidad. Y ésto nos trae posibilidades, confianza de los demás hacia nosotros, crecimiento y amplitud de conciencia.
Pero no todo queda ahí. Hay otra energía que se agrega a esos dos canales. La energía que nos llega a nuestra mejor antena: las emociones. Aquella energía que los demás nos dan, nos regalan, que entran por nuestros sentidos y se ponen a disposición a través de nuestras emociones. Está energía también hay que sumarla y sincronizarla para acumular y transformar. A ese trabajo está apuntado este ejercicio: El pulso.
En la próxima entrada de “El Pulso”:
7. El Amor, energía retornable.