3. Aprender a sumar.
Una de las formas más visibles de la transmisión de la energía es aquella imagen de un lago muy quieto en el cual se deja caer una piedra en su centro y crea así las ondas concéntricas que llegarán después de unos segundos a mover hacia arriba y abajo el corcho que flota cerca de la orilla. Son ondas, ondas que trasmiten la energía por el agua. Así ocurre, de manera similar con toda transmisión de energía.
Pero, ¿que ocurre si otra piedra es arrojada justo en el mismo centro anterior? Según sean ciertas características como el momento en el que cae la segunda piedra, la dirección con que fue arrojada, el tamaño de la piedra, etc, las ondas de la primer y segunda piedra se sumarán, se anularan entre sí o en su defecto producirán «ruido».
Esta suma de energía que se produce en determinadas ocasiones es armonía, se llaman «armónicos» y son esas condiciones las que debemos aprender a lograr entre las personas para que nuestras energías se sumen y se logre una suma energética, una armonía, como lo logra un coro, una orquesta, o aquel grupo musical que nombrabamos en anteriores entradas y que nos mueven tanto los sentidos y las emociones.
El Pulso está basado en este principio físico, en aprender a transmitir energías mediante la sincronización de los esfuerzos, el direccionamiento y sentido de ellos, su equilibrio en pesos y volúmenes, en definitiva su armonía para sumar.
En las próximas entradas de “El Pulso”:
4. La Selección.
5. Usar la vida.
6. Energía Emocional.
7. El Amor, energía retornable.